miércoles, 6 de junio de 2018

El estado soy yo (Luis XIV de Francia, el Rey Sol)


Luis Mª. Ansón ya nos contó hace unos años como desde la derecha conservadora arguyeron un plan para desalojar a Felipe González de la Moncloa aunque, según palabras del propio Ansón, pudieran hacerse tambalear las estructuras del estado. Si bien es cierto que en aquella ocasión les salió bien con la llegada de Aznar al gobierno, esa visión patrimonialista del Estado que tiene el nacionalismo conservador en España, representado de forma mayoritaria hasta hace poco por el Partido Popular y desde hace unos meses también por Ciudadanos en su iniciático viaje desde el centro izquierda poco tiempo antes, ha vuelto a jugarle sin embargo una mala pasada en la reciente moción de censura que le ha costado el gobierno a Mariano Rajoy y a su partido.

Ya le ocurrió en las elecciones generales del 14 de Marzo de 2004, cuando los atentados yihadistas de Madrid, 3 días antes, probablemente condicionaron las mismas y produjeron un vuelco sobre los resultados que se preveían. Ni los más favorecedores pronósticos para el PSOE ponían aquellos días en duda la victoria del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, si acaso el único reparo existente era si éste lograría o no la mayoría absoluta, sobre el partido socialista de Rodríguez Zapatero.  La pésima gestión de aquellos atentados por parte del gobierno saliente de José Mª. Aznar y el recuerdo de las falacias de la guerra de Irak que el propio Aznar entorchó tan decididamente en contra de la inmensa mayoría de la opinión pública española, acabó propiciando que Mariano Rajoy cosechará su primera derrota electoral en su debut al frente de los populares.

Pero en su incapacidad para asumir la derrota, el Partido Popular alentó una paranoica teoría de la conspiración en la que se insinuaba al partido socialista como partícipe de los atentados, en una demencial trama en la que habrían intervenido también la banda terrorista ETA junto a la yihad islámica, todo ello con el fin de desalojar al PP del gobierno de España. Arropados por las cabeceras de algunos de sus medios afines de carácter más mediático, el PP mantuvo viva esa trama durante meses y por mucho que las fuerzas de seguridad y la propia justicia se desmarcarán de la misma hasta condenar a los islamistas culpables de aquellos salvajes atentados, el Partido Popular acabó manteniendo durante años encendida dicha llama.

Ahora con el resultado de la moción de censura presentada por Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, un recurso absolutamente legal, recogido en la Constitución y que es práctica habitual en España desde la aprobación de la misma, el Partido Popular vuelve a actuar del mismo modo, cuando tras haberla perdido y haber sido desalojado del gobierno, viene profiriendo reiteradas acusaciones como si de un acto ilegal o contra natura se tratara.

Es cierto que Pedro Sánchez es ya el actual presidente del gobierno de España sin haber ganado unas elecciones pero es que al Partido Popular se le olvida que en este país los ciudadanos no eligen al presidente del gobierno, si no que los que lo eligen son los diputados del Congreso por tratarse de una democracia parlamentaria. Que, de hecho, en España ni el presidente del gobierno, ni los ministros, tienen por qué ser diputados y por si les queda alguna duda los votos electos de los representantes que han elegido a Pedro Sánchez para presidente del gobierno suman casi un millón de votos más de los que se han opuesto a ello. Pero no solo y con eso, es que la moción de censura es un recurso que el PP ha utilizado en todos los niveles de la administración española siempre que lo ha estimado oportuno y, sin ir más lejos, hace solo unos días ha vuelto a hacerlo en Badalona con la intención de desalojar a su alcaldesa Dolors Sabater de Guanyem Badalona.

Otra cosa muy distinta es que Pedro Sánchez y el PSOE puedan salir adelante en la presente legislatura pero ni es el primero ni será el último caso en la Unión Europea de gobiernos minoritarios capitaneados por partidos que no han ganado las elecciones. Sin ir más lejos, a día de hoy, Portugal y Bélgica son gobernados en la actualidad por partidos que no ganaron sus respectivas elecciones y lo hacen fruto de coaliciones. Y no entremos ya en la gama de gobiernos minoritarios en coalición o pactos puntuales: Holanda, Suecia, Finlandia, Estonia, Reino Unido, Irlanda, Rumanía, Bulgaria, República Checa, Eslovaquia, Croacia, Austria y Dinamarca. En cada uno de ellos se dan variopintas condiciones en aras de la gobernabilidad del país e incluso, por señalar uno en concreto el caso danés es aún más significativo ya que su actual primer ministro pertenece al partido que resultó en tercer lugar en las elecciones.

Una práctica habitual en la Unión Europea y que, como puede comprobarse no tiene por qué impedir la gobernabilidad y, en muchos casos, es común en países de los que consideramos socialmente más avanzados del mundo.

En definitiva a Mariano Rajoy no lo ha echado de la jefatura del gobierno ningún contubernio al margen de lo legalmente establecido. A M. Rajoy quién lo ha echado ha sido la democracia y esa Constitución a la que tanto él como su partido tanto se jactan de abanderar como si fuera solo suya. Claro, a la vista está, sólo cuando interesa.



domingo, 3 de junio de 2018

M. Rajoy, punto y final. ¿Una nueva esperanza?

Al final, sí pasó factura la corrupción. Mariano Rajoy ha dejado su puesto como presidente del gobierno de una manera que hasta ahora no se había dado tras la restauración de la democracia en España. Por primera vez una moción de censura –a la cuarta fue la vencida: González vs Suárez, Hernández Mancha vs González e Iglesias vs Rajoy-, ha desalojado al inquilino de la Moncloa y, curiosamente, con más votos a favor de la misma de los que tuvo en su investidura, apenas solo 20 meses antes...

martes, 22 de mayo de 2018

El conflicto palestino: el interminable infierno de Tierra Santa.

«Se levantaron pueblos judíos en los lugares donde estaban los pueblos árabes. Ni siquiera conocéis los nombres de esos pueblos árabes, y no os culpo, porque ya no figuran en los libros de geografía, ni tampoco existen aquellos pueblos árabes.»
 (Moshe Dayan, politico y militar israelí, 1915-1981)

Esta frase del conocido militar hebreo pronunciadas en 1947 a modo de arenga en el Technion, el Instituto Tecnológico de Israel, ejemplariza de forma bastante explicita lo que acabaría siendo el genocidio palestino. Más de siete décadas después de aquello, quizá no habremos vuelto a contemplar en los últimos años mayor gesto de obscenidad en la política que el de la reciente  inauguración de la nueva embajada de EE.UU. en Jerusalén en medio de todo tipo de celebraciones y agasajos mientras a solo un centenar de kilómetros el ejército israelí reprimía a tiros y con sospechas incluso de otros alardes, las manifestaciones del pueblo palestino organizadas en contra de dicho acto y por los 70 años de ocupación de sus tierras. El resultado: más de un centenar palestinos muertos y más de un millar de heridos. Una vez más munición de guerra contra palos y piedras y con la impunidad manifiesta que caracterizan hechos como éste al estado de Israel...


martes, 1 de mayo de 2018

Puestos a hablar de este país…

¿Por dónde empezamos? Podríamos hacerlo por lo de Cifuentes o por el juicio de los ERE, ambos ahora en el candelero. O por la Gürtel, la Púnica, Lezo y un sinfín de casos de corrupción, «casos aislados» que diría el presidente del gobierno, que al día de hoy siguen acaparando los tribunales de justicia de este país, que se dirimen en dura competición entre sus más fieles seguidores «a ver quién es el que la tiene más grande» y confunden a la opinión pública poniendo a todos en el mismo rasero a través de sus incombustibles baterías mediáticas. Podríamos hablar también de Cataluña o de como un problema político se oculta tras una presunta causa judicial, mientras los verdaderos problemas de la gente se tapan bajo una sucesión de símbolos y banderas. Del imparable aumento de los desequilibrios sociales, de ese veintitantos por ciento de subida salarial de los ejecutivos del IBEX por el 0.8 % de sus empleados. De la temporalidad y la precariedad laboral, de la huida masiva de nuestros jóvenes allende de nuestras fronteras y hasta de las miles de personas que pierden la vida frente a nuestras costas víctimas de la desesperación causada por la guerra o el hambre, mientras miramos a otro lado y permitimos que las entrañas del Mediterráneo se conviertan en un depósito de cadáveres....




martes, 10 de abril de 2018

Carta abierta a M. Rajoy

"Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quieren que sean los vecinos el alcalde.” (Mariano Rajoy Brey, Presidente del Gobierno de España)

Querido Mariano:

No puedo desaprovechar la ocasión que me brinda Amanece Metrópolis, para dedicarte unas cuantas líneas con mis mejores consideraciones. Y eso a pesar de tu menoscaba talla política, tu tantas veces probada incapacidad para la oratoria, dirigir el partido de gobierno más corrupto de la U.E. y tu manera de condenar a la mayor parte de los ciudadanos de este país a una crisis económica que se ha hecho crónica para ellos mientras esa otra España tuya va como un tiro para unos pocos...

sábado, 7 de abril de 2018

Master en democracia


Francamente, me pillan siempre unas fechas en estas latitudes del año que las obligaciones del trabajo me impiden mantener al día este hobby de escribir. Y no es por falta de ganas ni de temas para hacerlo que mira que los hay en esta cada vez más desnortada España con un gobierno que no gobierna, una oposición hecha unos zorros y la casa por barrer entre todos. Mientras, los españolitos de a pie dejándonos la piel para intentar sacar nuestra vida adelante cuando no, nuestros jóvenes, se ven obligados a una emigración incierta ante las pocas oportunidades que les ofrece este país.

En unos días aparecerá un nuevo artículo en Amanece Metrópolis de mi cosecha del que dejaré aquí buena cuenta pero, mientras, les dejo unos breves comentarios, sobre el fenomenal lío de la presidenta de Madrid y su más discutible que discutido Master.

A estas alturas del metraje que todavía no hayamos visto dimisión alguna en el affaire de Cristina Cifuentes es algo que no puede ya sorprendernos. Lo que sí que debería seguir preocupándonos  es la recurrente defensa de la misma desde su partido dando gas al ventilador del arco parlamentario y el buen calado de dicho argumento entre una parte de la ciudadanía que es capaz de excusar a sus representantes públicos encajando como una normalidad más sus actos más temerarios.

Una prueba más de que nuestra democracia todavía no ha alcanzado su mayoría de edad y de que en determinados aspectos seguimos aún muy lejos de otras democracias centenarias allende de los Pirineos. Por la mera condición humana es obvio que la corrupción sea un virus en estado latente para la clase política en cualquier rincón del mundo, pero sí que es cierto que en otras democracias más avanzadas si te pillan lo pagas, mientras que aquí en España la cosa se hace mucho más laxa.  Sucesos desde «el caso Toblerone», de la dimitida viceprimera ministra sueca hasta el de «la multa de tráfico» del dimitido ministro de energía británico que en España hubieran pasado como una mera anécdota, evidencian la enorme distancia que todavía nos separa de otras naciones en cuanto a la debida concienciación del asunto.

Probablemente el hecho de que la democracia viera la luz en España después de un largo periplo donde, como en todos los modelos totalitarios, la corrupción formaba parte intrínseca del estado y que ni la Transición, ni los gobiernos posteriores pusieran coto a la misma, permaneciendo en el modus operandi de la política y  haciendo de esta un brazo más de los intereses del gran capital y las grandes empresas, ha hecho que entre muchos ciudadanos haya quedado asumida aunque sea de mal grado y se quede, como tantas otras cosas, en una amena tertulia en la barra de cualquier bar.

martes, 20 de febrero de 2018

Guindos, el himno y… ¡Viva España!

La verdad que van pasando los años y se diría que estuviéramos trazando un nuevo camino a la inversa después de lo que muchos lucharon y otros hicimos lo que buenamente pudimos –algunos hasta seguimos en ello-, para hacer de este país un sitio mejor para vivir. Es como si volviéramos a revivir aquella España de Berlanga, del “Bienvenido Mr. Marshall” o “La escopeta nacional”, de chufla y pandereta o de aquella otra que suponían más allá de los Pirineos en la que todos los españoles éramos toreros y bailábamos por sevillanas.

No, yo no puedo alegrarme de que a tan infausto Ministro de Economía lo hayan nombrado Vicepresidente del BCE. Menos aun cuando nos hemos enterado que el cargo lleva apareado 340.000 eurazos anuales  –más de 50.000.000 de las antiguas pesetas-. Yo no puedo sentirme orgulloso ni como español ni menos todavía como ciudadano de un señor que prometió por activa y por pasiva que aquellos 77.000 millones del rescate a los bancos serían devueltos por estos al erario público y hace solo unos meses el mismísimo Banco de España ha reconocido que da por perdidos más de 60.000 millones que, al fin y al cabo, terminaremos pagando los contribuyentes. Pero claro, para eso está cual magnífico aparato de propaganda y por ello desde Moncloa ya se han apresurado a calificar a Luis de Guindos como el artífice del “milagro económico español”.

Y que conste que no les falta parte de razón por que con Guindos como ministro de economía los ejecutivos de las grandes empresas españolas, en medio de la mayor crisis económica mundial desde la Gran Depresión de la década de los 30 del siglo pasado, han multiplicado sus emolumentos y, en segundo plano, los beneficios de estas, mientras los ciudadanos de a pie, la inmensa mayoría de la población española, han perdido buena parte de su nivel adquisitivo de décadas anteriores, han sido víctimas de las políticas de austeridad de la horda neoliberal encabezada por el ministro y vaticina un futuro poco o nada halagüeño para la mayoría en cuanto a pensiones y servicios públicos se refiere.

Quién iba a pensar que aquel joven Secretario de Estado de Economía en el último gobierno de Aznar, que negó la existencia de una burbuja inmobiliaria que su propio gobierno puso en marcha, después fuera director de la filial española de Lehman Brothers -cuya quiebra representa el paradigma de la crisis financiera-, y haya sido causa y parte de un aumento de los desequilibrios sociales de tal magnitud que ha colocado a España  en la cola de tan lamentable ranking en la OCDE, iba a ser ahora designado como uno de los máximos responsables del Banco Central Europeo. En cualquier caso si de algo podemos estar seguros es que, desde su nuevo cargo, Luis de Guindos  va a seguir siendo el adalid del gran capital y seguirá quedando al margen al resto de los mortales.


Por lo que respecta a lo de Marta Sánchez, vaya por delante mi mayor respecto a la profesionalidad de la artista. Es más, aunque haga tiempo que se le diría alejada de las mieles del éxito, reconozco una cierta admiración por la misma y de reconocimiento a su carrera. Por eso no voy a entrar al hecho en sí de que esta señora haya decidido por su cuenta y riesgo poner letra al himno de España y lo haya cantado en un teatro de la capital. Ni se, ni me importa si lo ha hecho por gusto propio, como una manera de entender el patriotismo o si todo forma parte de una operación de marketing en favor de la artista. Tampoco voy a entrar en la manida cuestión sobre si Marta Sánchez reside en Miami o no tributa en España pero lo que si me ha llamado la atención ha sido la reacción de algunos representantes de la nómina política ante el hecho.

Lo que no debiera considerarse más que una mera anécdota ha puesto una vez más de relieve esa enconada batalla entre PP y Ciudadanos para atribuirse cada uno para sí las mayores dotes de españolidad. A ver quién de los dos es más patriota o a ver quién de los dos es el que la tiene más grande, por recordar los versos de Serrat. Un auténtico esperpento al que ha querido sumarse hasta el presidente de la Federación Española de Fútbol quien ha insinuado que tan oficiosa copla podría escucharse en la próxima Final de Copa, como si de la edición ibérica de la Super Bowl se tratara.

Francamente que ante la situación política en España con un gobierno asolado por la corrupción que no gobierna, una oposición que ve truncada cualquier iniciativa parlamentaria, una probada incapacidad para sumar mayorías a uno u otro lado al margen de la lógica bipartidista PP/PSOE y con Cataluña, la región más desarrollada de España, paralizada desde hace años por la judicialización de una cuestión política por meros intereses partidarios, se diría que nuestros representantes políticos  se hayan más preocupados que nunca por tratar todos los asuntos en clave electoral, sumidos en un interregno permanente, al acecho de sacar tajada de un nuevo despropósito, un quítame allá esas pajas o cualquier episodio baladí de la farándula nacional.