sábado, 26 de mayo de 2012

El ocaso del templo del dinero

El escenario:
Allá por 2003, cuando España “iba bien”, la familia Tararí decidió
que había llegado el momento de comprar su casa. Para más señas él, funcionario, con el salario congelado como ya había ordenado la superioridad por aquel entonces. Ella, oficinista en una inmobiliaria de aquellas que habían crecido como las setas en cualquier esquina, en cualquier barrio de cualquier ciudad de España por pequeña que fuera. Obnubilados por toda la parafernalia mediática de las entidades financieras, la radio, la televisión…, allá se presentaron el Sr. y la Sra. Tararí en la oficina de una Caja de Ahorros cualquiera que le ofrecieron, no solo cuanto quisieron, sino “hasta el infinito y más allá”. De allí salieron el matrimonio Tararí con su hipoteca bajo el brazo, su nuevo y flamante coche, su adosado del todo amueblado… y, cómo no, con uno de su sueldos embargados casi de por vida. Hoy, casi diez años más tarde y dos hijos de por medio, el Sr. Tararí sigue percibiendo el mismo salario real de por aquel entonces  –“como Dios manda”-, mientras su esposa anda colocando su currículum por donde puede después de que hace tiempo se le acabará el seguro de desempleo y el subsidio este dando sus últimas bocanadas. Al matrimonio Tararí, que tanto abundaba por aquella opulenta España, solo le quedan unos cuantos muros de ladrillo, unos padres a quienes difícilmente recurrir y un futuro embargado para si y para sus hijos. Mientras, cada mes de forma inapelable, cae sobre sus cabezas el recibo de una hipoteca que dobla el valor real de la vivienda que, por desgracia, una década antes les enamoró.

Esta, más o menos, es la puesta en escena que podríamos hacer  de millones de familias inmoladas por una crisis de cuya responsabilidad solo puede achacársele en una mínima parte a las mismas, cuando del otro lado se encontraban los auténticos eruditos en la materia, la banca, y junto a esta quienes debían supervisar y ejercer un mínimo control sobre sus actividades,  los políticos.  Pero, por desgracia, la solución que esta última rebufa una y otra vez, tras el estallido de las burbujas financieras e inmobiliarias como si de un mantra se tratase, es que sean todas sus víctimas, es decir las clases medias y trabajadoras quienes paguen los desatinos causados por la avaricia y codicia sin límites de unos pocos, los banqueros, mientras los responsables de su supervisión, esa misma casta política, les alentaba y miraba hacia otro lado.

Para colmo y después de haber llevado a la ruina tantas y tantas familias, los salarios de los grandes ejecutivos siguen en aumento galopando a lomos de la crisis a pesar incluso de la depreciación de sus empresas. En el mundo de la política numerosas instituciones como el senado, cementerio de elefantes, o las diputaciones provinciales, sin sentido alguno tras la España de las autonomías, persisten sin justificación alguna, tanto que nadie se percibiría de su desaparición dado el caso. Por cierto unas malas entendidas autonomías a medio camino entre un estado federal y centralista que lo que mejor depara es una innumerable serie de duplicidades  que, además de representar unos costes disparatados para los ciudadanos complican sine die las relaciones de esa misma ciudadanía para con las diferentes administraciones públicas. Acorralados pues por una pésima e incalificable gestión de los recursos públicos, independientemente del color del gestor que se trate, estos mismos políticos siguen revolviéndose cual gato panza arriba, llenando su boca de reproches a la otra parte pero sin aportar soluciones reales y, menos aún, entonando el mea culpa que, al menos, sirviera para en algo dignificarles. Sin duda, en una manifestación más de que su distanciamiento de la realidad social de sus conciudadanos es tan grande  que hace tiempo que perdieron cualquier noción sensata de la misma.

Ahora en el colmo de los desmanes, cuando aquellos mismos que obtuvieron cientos o miles de millones de ganancias -con unos cuerpos directivos que han pasado de la nada al todo en un suspiro, especialmente en las que otrora se denominaran Monte de Piedad y Caja General de Ahorros-, gracias a la vanidosa ingenuidad de los más humildes a los que han acabado sumiendo en las peores de sus miserias, cuando ven como disminuyen sus atiborradas carteras acuden en oleada a “papa estado” para que les solucione la papeleta y vuelva a llenar sus arcas. Y este, representado una vez más en una cada vez más recalcitrante clase política cual estómago agradecido, está dispuesto a postrar un país entero para llenarle los bolsillos a aquellos mismos que lo hundieron.

20.000 millones de euros para rescatar Bankia –más de lo que había pensado para el conjunto de la banca el gobierno-, es el resultado final de Caja Madrid, la Caja de Esperanza Aguirre, la lideresa, que quiso llevarla a lo más alto empeñada en desafiar a su homóloga catalana, nada menos que un coloso, al menos por el momento, como La Caixa. Para la que contó en su ocaso final, a un más que defenestrado ya Rodrigo Rato del que solo queda resumir su biografía como la del ministro que se inventó la mayor burbuja financiera e inmobiliaria de la historia de España, salió corriendo del FMI, a mediados de 2007, cuando las cosas empezaron a complicarse más de lo debido y ahora de ese gigante con pies de barro en lo que se había convertido Bankia, aunque, eso sí, con su indemnización correspondiente.

El naufragio de España, acompañada por sus adláteres de la Unión Europea, parece tarea terca e inevitable propiciada por unos políticos que no ven más allá de sus propias narices y en todo caso, de las de que les financian y les bendicen, por lo que de no mediar ya una clara y directa intervención del pueblo, salvando las distancias Islandia podría ser el mejor ejemplo de ello, el futuro de lo que un día se llamó adalid de la civilización occidental, Europa, parece cada día más perdido en las sombras.  

domingo, 20 de mayo de 2012

El adiós a la cultura y a la enseñanza pública.

 A pesar de mi apuesta por las humanidades nunca fui un buen alumno en filosofía. Nunca desató mi entusiasmo y, con todos mis respetos, los profesores que tuve al respecto tampoco la hicieron lo suficientemente atractiva como para despertar mi interés por ella. Sin embargo, cada vez que ha surgido la ocasión, nunca he dejado de utilizar una expresión de un viejo profesor de la asignatura que aseguraba con una lucidez meridiana: “la cultura es todo aquello que queda después de olvidado lo aprendido”. Hoy, casi cuarenta años desde aquel entonces y gracias a ese infinito “espanta-bestias” que representa Google, buscando el origen de esa expresión que ha inspirado este artículo, he descubierto que la misma corresponde al novelista francés André Maurois que, además de prolífico escritor, fue un consumado luchador por la libertad. Y es ahora, cuando los elegidos para dirigir los destinos del pueblo parecen empeñados en desarbolar esa definición de cultura de nuestras vidas y con ello el fin también de nuestra libertad, es cuando más sentido recobra la misma.

El pasado miércoles, ante la sorpresa de propios y extraños, el ministro de educación José Ignacio Wert, promulgaba que el aumento de las tasas universitarias que pueden elevarse, conforme a las nuevas normas establecidas, de los 900 a los 1600 euros, es una medida justa y progresiva. Para ello, el tenaz orador intentaba justificar tal medida entendiendo que las clases más pudientes que pueblan mayoritariamente la universidad –según su punto de vista-, serán  las que habrán de reportar un mayor esfuerzo en la continuidad de la enseñanza pública en detrimento propio y en beneficio de las clases más populares y menos solventes. Aunque esto pueda sonar a disparate desde lo divino y lo humano, tales afirmaciones fueron hechas en uno de los últimos estertores de RTVE –a punto de liquidar por capricho gubernativo la que habrá sido su mejor época en cuanto a salud democrática-, entre otras lindezas de las que intentó defenderse cual gato panza arriba con una verborrea que, en ningún momento, mostró otra cosa que no fuera la intransigencia de un poder tan desmesurado como el que goza el actual gobierno de España. 

Valga hacer un inciso para recordar todos los vericuetos que tuvo sortear el Sr. Ministro cuando uno de los contertulios le pregunto si seguía manteniendo sus otrora duras declaraciones sobre el movimiento 15M –mín. 26 del mismo video-. Como pudo se evadió de la cuestión, aunque si cabe se reafirmó en lo dicho en su día aunque, al menos esta vez y probablemente dado el cargo que ocupa manifestó su respeto al derecho de todo ciudadano a expresarse libremente. Realmente el 15M ha conseguido molestar, que es también de lo que se trata, a toda esta clase política tan alejada de la realidad poniendo voz en grito los verdaderos motivos que la mantienen como uno de los principales problemas del país.

Si, como hemos manifestado ya en alguna ocasión desde este mismo blog, los dos problemas fundamentales de la educación en España residen en la apatía al respecto de un buen número de familias ebrias por la vorágine consumista y en la insuficiente y peor gestionada inversión del erario público al respecto, los recortes actuales –es inasumible que el estado pueda considerar la educación como un gasto y no como una inversión-, el aumento del ratio de alumnos por clase, la disminución del número de profesores y el incremento de costes en la enseñanza para la ciudadanía, máxime la precariedad laboral existente junto a la reducción de salarios y el extraordinario número de desempleados, no es posible esperar otra cosa que una mayor y obvia inoperancia y consecuente descrédito de nuestro sistema educativo.

Y, por último retomando el inicio de este artículo, recordemos el guión establecido por la U.E., que fue aprobado por el gobierno Zapatero y que redobla el actual gabinete, por el que la formación deberá ir encaminada, especialmente desde las universidades –tomando como referencia el modelo norteamericano, tanto en lo formativo como desde el punto de vista de su financiación- , a cubrir las necesidades especificas empresariales. Esto es, tendremos un gran y capacitado economista o en cualquier caso un especialista en tal o cual materia empresarial puntual que quizá solo sea fruto del momento y podrá quedar a expensas de su eventualidad, pero que difícilmente sabrá situar el Partenón, quien fue Cervantes o qué represento para la historia Leonardo o el Renacimiento. Y entonces… ¿qué habrá quedado de la cultura?

martes, 15 de mayo de 2012

La herencia recibida

Dice la RAE que la palabra “mantra”, viene del sánscrito, literalmente se podría traducir por “pensamiento”. El mismo diccionario califica como “mentira oficiosa” la que se dice con el fin de servir o agradar a alguien. Lo cierto es que la combinación de ambas expresiones, la utilización de la primera al servicio de la segunda y la persistencia en su repetición continua y sistemática a través de cualquier foro acaba trayendo como consecuencia tal deformación de la realidad que, como todos sabemos, acaba convirtiendo una mentira en una verdad. Y lo que es peor aún, como carece de todo fundamento no se precia de ser justificada ni desde la empírica ni desde la historia, sino que lo es porque si y porque nos lo dice quien no tiene que decir otra cosa que lo queremos oír.

Desde que a mediados de 2007 el estropicio de las subprime echara sus tentáculos por todo el mundo desarrollado y desencadenaran la mayor crisis económica y social desde la Gran Depresión, al menos en España país en campaña electoral permanente, las huestes del Partido Popular se han empeñado en culpabilizar de la misma, prácticamente en exclusiva, a la figura del gobierno socio-liberal de Rodríguez Zapatero. Poco antes de ganar las pasadas elecciones Mariano Rajoy llegó a prometer que no haría uso de este tan manido argumento como justificación de sus acciones de gobierno. De hecho nada más su llegada al mismo, de forma subliminal, se lanzó toda una campaña a través de su poderoso brazo mediático para responsabilizar de la situación de España a la coyuntura internacional, especialmente la europea.

Sin embargo y como quiera que tanto las medidas impuestas desde Bruselas, a las órdenes de la Sra. Merkel, como las actuaciones del propio gobierno de España lo único que están provocando es un deterioro cada vez más lesivo para la ciudadanía en todos los contextos, nuevamente se ha puesto la maquinaria ultraconservadora en marcha para culpabilizar al anterior gobierno no solo de provocar la crisis y no saber reconducirla sino de esquilmar la supuesta y magnífica herencia recibida de los gobiernos de José Mª. Aznar. O, utilizando la misma expresión, es la herencia recibida del anterior gobierno Zapatero –cuesta mucho llamarle socialdemócrata y menos aún socialista-, la culpable del imparable deterioro de la sociedad española.

Que el gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido nefasto para la nación española no cabe la menor duda pero de ahí a culpabilizarle de todos los males del mundo mundial –incluso la pericia de la derecha extrema ha conseguido inculcar en algunos ciudadanos que el presidente Zapatero y el PSOE estaban detrás de los atentados del 11M-, resulta cuanto menos injustificable tales teoremas ya que, sin poner en duda su baja talla política, no es mucho peor que la del resto de los dirigentes de los países de nuestro entorno. De hecho el calado de la crisis es tal en todo el continente que, independientemente del color del gobierno que se tratase  –por cierto mayoritariamente conservadores neoliberales-, ha cambiado en once de los doce procesos electorales habidos en Europa desde el inicio de la crisis.

Para colmo menos aún se sostiene el argumento primigenio de ese maravilloso país que se encontró ZP a su llegada al gobierno. A no ser que entendamos por maravillosas las burbujas financieras e inmobiliarias –aunque sí que pudieran considerarse de este modo ya que han sido las más importantes de la historia europea de los 80 años-,  la desregulación y descontrol de las actividades comerciales, industriales y financieras así como el debilitamiento del sector público en beneficio del capital privado y en perjuicio, muy especialmente, de los asalariados. De hecho el salario real de la gran masa salarial española prácticamente quedo congelado desde finales del milenio pasado, habiendo lógicamente disminuido en los últimos tiempos. En definitiva el desmantelamiento –como en el resto de Europa-, de la economía productiva a favor de la economía especulativa.

Baste un solo dato irrefutable, como podemos apreciar en la siguiente gráfica, tal era el despiporre de la vorágine consumista en aquellos años que el precio de la vivienda subió de forma continua y sostenida un 180 % en el periodo 1998-2008. O lo que es lo mismo desde la proclamación de la Ley del suelo del gobierno Aznar en 1998 –otro éxito más en la carrera del por entonces vicepresidente del gobierno y ministro de economía, Rodrigo Rato-. Que permitía hacer acopio a cualquier administración pública para reconvertir su suelo disponible en urbanizable y favoreciendo con ello la especulación como fuente de recursos de los mismos. Y de ahí… “hacia el infinito y más allá”.

Por último, es incuestionable, que uno de los mayores errores de la carrera política de José Luis Rodríguez Zapatero fue subirse a la cresta de la ola de una burbuja inmobiliaria que, era más que previsible, acabaría pinchando tarde o temprano al más mínimo viento de cambio, como así ocurrió estallándole en sus propias narices.

Desgraciadamente la obsesión por mantener ese mismo modelo económico, doctrinario de la teoría neoliberal, arraigado en el establishment convertido en la clase dominante y del que la clase política parece incapaz de desmarcarse, está sumiendo al pueblo europeo a una catástrofe que no parece tocar fondo. Es imposible conocer el final de esta travesía aunque la persistencia en ese mismo modelo está haciendo surgir largas sombras que parecen ir solapándose con los mismos acontecimientos que en la década de los 30 del siglo pasado acabaron en la peor de las tragedias.

viernes, 11 de mayo de 2012

12M15M El altavoz del pueblo

Para muchos, no faltos de razón, uno de los problemas
fundamentales para la resolución de esta crisis, es el desconocimiento casi absoluto de la realidad cotidiana de la ciudadanía por parte de las personas que tienen en su debe la obligatoriedad de dar solución a esta. Esto es, el resultado del distanciamiento entre lo que en verdad es el día a día del pueblo, de sus problemas, de sus virtudes, de sus alegrías o de sus miserias y el establishment que controla el poder político y económico de la sociedad. Esa deformación de la realidad y la pérdida de percepción por parte de esa clase política que le imposibilita para dar una certera solución a  los problemas del pueblo. Tanto es así que, como dice una buena amiga relativamente próxima a ese elevado círculo,  lo que para los mortales de a pie queda fuera de toda lógica, lo que los ciudadanos consideramos absolutamente anormal e irracional, para los ensimismados por la alta esfera de la política, llega a convertirse en normal.

El 15M ni ha representado, ni representa, ni tiene porque representar mucho más de ello, otra cosa que ser el altavoz del pueblo. El 15M lo que ha hecho no ha sido otra cosa que sacar los colores a la clase política y dominante de este país y de otros tantos donde ha ido contagiándose, poniendo de manifiesto públicamente en voz viva, lo que la inmensa mayoría de la población habla, dice, piensa y opina cada día en su casa, en su familia, con sus amigos, en el trabajo, en la barra del bar o en la tertulia del café de la degradación de nuestro entorno económico, político y social. Lo que dice y piensa de esa misma clase política, de ese mismo establishment que hablábamos antes y de toda su parafernalia mediática que le rodea y que todos sabemos coincide mayoritariamente con el pensamiento de la mayor parte de la ciudadanía. Y lo que se creyó en un principio era una mera anécdota se acabó convirtiendo en una auténtica “molestia” para los que han usurpado los intereses del pueblo motivo este por lo que, desde las cúpulas del poder, se intenta criminalizar al movimiento desde entonces con la clara intención de diezmar sus posibles efectos sobre la ciudadanía.

A pesar del redoblado esfuerzo de numerosos medios de comunicación el 15M ha permanecido vivo a lo largo de este último año. Motivos no le han faltado para ello. Esa misma degradación continua del modelo social y democrático que vienen sufriendo las diferentes sociedades europeas y particularmente la española no ha dejado ni deja de dar pie a grupos de ciudadanos, independientemente de su clase y condición, dispuestos no solo a transmitir desde la vía pública y desde todos los foros a su alcance las ilusiones y desilusiones de la mayor parte de los ciudadanos, sino se ha atrevido a ir a más y dentro de sus posibilidades reales, mantiene colaboraciones y ayudas en muchos distritos y barrios de, sobre todo las grandes ciudades donde “el señalar” tiene menos trascendencia en el común, a todas aquellas personas que están pasando por enormes dificultades.

Estar indignado en este entorno social cada día más desdibujado, especialmente desde las propias instituciones no es nada difícil.  Lo realmente difícil es transmitir desde lo público ese mismo sentimiento y contagiar de ello al todo el pueblo. El miedo a la pérdida del puesto de trabajo ante la dificilísima coyuntura económica y la precariedad laboral fruto de las diferentes reformas que solo tocan los derechos y deberes de los asalariados y la intensa labor de la industria mediática al servicio de sus propios intereses y de quienes se creen dueños del cotarro hacen difícil que movimientos como el de los indignados cale lo suficiente en la gente para convertirlo este en actos absolutamente multitudinarios.

No obstante la historia nos demuestra una vez más que no ha tenido que ser siempre mayoritaria la respuesta del pueblo a movimientos como el de los indignados aunque este haya arraigado por todos los rincones del mundo, para que estos hayan promovido la introducción de ciertos cambios en el modelo social. Ni siquiera el Mayo del 68 francés, fue secundado en su totalidad pero, de una forma u otra, marcó diferentes caminos para los posteriores gobiernos franceses que tuvieron que ser conscientes del malestar social de la población y actuar conforme a ello. Por mucho que pretenda disimularse el 15M ha calado hondo en la sociedad, tanto que de hecho es noticia con inusitada frecuencia, tanto a favor como en contra, cuando se deja ver con más luminosidad. E incluso entre la clase política que, aún su acostumbrado desorden y desidia por el orden natural de las cosas, se ha visto obligada a atender –aunque haya sido de forma poco sensible-, reivindicaciones reiteradas desde el 15M como ha sido el caso de la dación en el pago de las hipotecas, uno de los peores dramas que están viviendo numerosas familias de este país.

Todos tenemos la capacidad de indignarnos ante los desagravios de toda índole que se están produciendo sobre el grueso de la ciudadanía y tenemos que ser conscientes que esta crisis está llevando por unos derroteros más que tenebrosos todas las conquistas sociales que se han cosechado en los últimos 100 años. Es necesario que el pueblo se haga oír. No podemos exigir de todos estos movimientos sociales que sean ellos los que resuelvan los problemas de la sociedad. Para ello están los políticos y toda su corte mediática –que lástima, como hemos comentado en numerosas ocasiones desde esta bitácora, que los grandes medios de comunicación haga mucho que dejaran de responder al ideario del periodismo-, pero sí que estamos en nuestra obligación de alzar la voz contra todas esas injusticias, contra todas esas tropelías, que están llevando a la ruina a millones de familias en toda España y en toda Europa, para colmar los insultantes beneficios de un pequeño corpúsculo de mercaderes que han decidido adueñarse de nuestro mundo y con él de nuestras propias vidas.

jueves, 10 de mayo de 2012

Lo siento pero... yo soy del Atléti!!

Campeón de la Europa League 2012

Atleti, Atleti, Atlético de Madrid, Atleti, Atleti, Atlético de Madrid, Jugando, ganando, peleas como el mejor, porque siempre la afición, se estremece con pasión, cuando quedas entre todos campeón, y se ve frente al balón, un equipo de verdad, que esta tarde de ambiente llenará. 

Yo me voy al Manzanares,al estadio Vicente Calderón,donde acuden a millares,los que gustan del fútbol de emociónPorque luchan como hermanos,defendiendo su colores,en un juego noble y sano,derrochando coraje y corazón. Atleti, Atleti, Atlético de Madrid...

lunes, 7 de mayo de 2012

Ganó Hollande y ahora ¿qué?


Quizá se trate de un hilo de esperanza para Europa. Y digo quizá porque parece que Françoise Hollande el nuevo presidente de la república francesa, más que acercarse a la esencia de la socialdemocracia parece pasar más por un socio-liberal a la usanza de la Tercera Vía de sus predecesores Blair, Schröder o el propio Zapatero. Según se comenta Hollande, como la mayor parte de los políticos del momento, dice unas cosas en su país que pueden resultar muy apetecibles pero, sin embargo en el exterior anda más remiso entorno a las mismas cuestiones. 

En cualquier caso mejor Hollande que un neoliberal como Sarkozy apuntalado por el partido nazi francés de Le Paine al que, por cierto, habrá que ver qué resultado cosecha en las próximas elecciones legislativas.  Veremos entonces cual es la trascendencia real de este florecimiento del nazismo en Europa a la sombra de la crisis, tal como ocurriera en la década de los 30, consecuencia de la Gran Depresión y que acabó arrastrando al continente a la guerra. Por su parte, si bien Hollande ya ha dicho que no va o no puede renunciar a la austeridad en la cosa pública es de suponer, a tenor de lo que ha venido manifestando hasta ahora, que proponga que los plazos para el cumplimiento de los compromisos exigidos desde Bruselas –por imposición de Alemania-, en torno a los déficits públicos puedan dilatarse. Que impulse políticas de de inversión y crecimiento, compatibles con dichas restricciones, a través de un aumento de ingresos con un claro carácter progresivos. Que suponga, en definitiva, un contrapeso a las políticas de la Sra. Merkel, que tanto daño están causando a los ciudadanos europeos y, pueda que, a su rebufo intenten situarse algunos jefes de estado, hasta ahora sumisos al protagonismo y los dictados de la canciller. 

En el caso español, qué duda cabe, que se habrán llevado un buen disgusto desde las filas del Partido Popular y no solo por la derrota de sus homólogos franceses sino por el fiasco de los conservadores en las elecciones municipales del Reino Unido. Aunque a España le vendrían bien las intenciones de Hollande, por cuanto aliviarían la presión sobre la ciudadanía si la U.E. admitiera el aplazamiento de los objetivos previstos, es difícil creer que un gobierno tan próximo a la ortodoxia germana, al dogmatismo de la estabilidad presupuestaria y al tan venerado “déficit cero”, se alinee junto a un político que se sitúa, aunque sea a priori por poco, más próximo a postulados a favor del crecimiento a través de la inversión y de la participación y apoyo al mismo desde el estado como primer empresario y creador de empleo. 

Insuflar esperanza para salir de esta dinámica que ha llevado a naufragar a toda Europa después de casi 5 años de políticas basadas en los principios de austeridad, recortes y desinversiones públicas, como decíamos al principio ha de considerarse, al menos, como el dato positivo de la jornada de ayer. De la trascendencia real de la misma, será el tiempo el que acabe dando cuenta.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Qué fue del periodismo?

En mis tiempos mozos tenía dos devociones, una por el periodismo y la otra por la historia, especialmente la contemporánea, esa que estudiábamos desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, aunque al día de hoy nunca diera tiempo llegar. Pero no pude estudiar ninguna de las dos, en mi familia no había posibles para ello porque ambas había que estudiarlas fuera de casa como hasta ahora sigue siendo, a pesar –y no pongo en duda que se den los casos-, de todo ese vasto número de carreras que dicen que por exceso quieren eliminar. Pero mira por donde mi hijo que, no porque sea mío claro está, siempre ha sido un fenomenal estudiante, además de preocupado por su entorno y amigo de sus amigos, se acabó entusiasmando por la historia –eso sí, más antigua que la mía-, aunque al final prefirió el periodismo –cosas de la vida-, porque desde allí decía tendría un púlpito desde el que ofrecer sus conocimientos a los demás.

Le quedan poco meses por terminar su periplo por una desilusionante facultad que parece quedó anquilosada con la muerte de la dictadura hace ya “taitantos” años. Siempre he creído que la enseñanza en España tiene dos problemas fundamentales, el primero el de la familia atrapada por la vorágine consumista y el segundo en la nefasta gestión de la poca inversión pública en la misma. Pero eso sería otro tema y no hemos venido ahora a hablar de ello. De lo que hemos venido a hablar es de cómo un chico estupendo y con una preparación extraordinaria –que se ha ganado el mismo más por sus sacrificios que por el interés del servidor público que le compete-, va a marcharse no solo de España sino de esta Europa maldita empeñada en llevar a la ruina a cuantos más mejor y, muy particularmente, para intentar ejercer su profesión con una dignidad que por estos lares los grandes medios se han encargado de echar abajo.

 Escuchaba en una ocasión a Rosa María Artal que los tres caballos de batalla que deberían guiar el ejercicio del periodismo son la información, el conocimiento y el entretenimiento. Lástima que estos tres parámetros cada vez aparezcan menos cuando encendemos la televisión, escuchamos la radio u ojeamos las páginas de cualquier diario. Salvo honrosas excepciones, la mayor parte de los principales medios de comunicación están denigrando la profesión del periodismo hasta límites insospechados, incluso los que un día tuvimos por bandera aquellos que tanto luchamos por la democracia en los albores de la misma en España. Por regla general los medios responden en una parte muy importante a intereses de accionistas que poco o nada tienen que ver con los mismos y al de emporios financieros que, de una manera u otra, los controlan poniéndolos al servicio del poder que más interese. Hoy la horda neoliberal que se adueñado de la escena internacional en las dos últimas décadas está utilizando el periodismo como lobby de presión a su libre albedrío menospreciando no solo a la profesión y a quienes tratan de ejercerla –con salarios de miseria y una precariedad asfixiante-, sino manipulando la información y deformando la realidad para conducir a la opinión pública donde más le interesa.

Hace unos días periodistas de todas las esferas se han echado a la calle para reivindicar el ejercicio libre de su profesión y la caótica situación en que, desde el punto de vista de la actividad laboral, se encuentra ésta en España desde hace tiempo. Salarios de miseria y una lamentable situación de precariedad laboral como decíamos anteriormente, jornadas laborales maratonianas, absoluta indefensión ante la carencia de libertad informativa y la sobreexplotación de los estudiantes en prácticas –aprovechando el vano sacrificio de los becarios-, en detrimento de los profesionales y en beneficio de la empresa, ha colocado la profesión de periodista como la segunda más castigada por la crisis después de todo lo relacionado con el mundo de la construcción.

 Causa cuanto menos sonrojo ver como se rubrican e incumplen continuamente acuerdos deontológicos entre los medios para responder adecuadamente a las obligaciones de los comunicadores para con sus oyentes, lectores o espectadores ante, por ejemplo, los desvaríos y desmanes de la clase política. Tal es el caso de las ruedas de prensa sin preguntas, a las que se ven obligados a acudir los periodistas presionados por sus propios medios en una puesta en escena que resulta esperpéntica. La imposibilidad, por el mismo motivo, de exigir respuestas acordes a lo demandado en las entrevistas a esos mismos políticos constituyendo un auténtico fraude para la opinión pública. O la usurpación de la profesión a manos incluso de ex convictos en un intento de los medios por favorecer un modelo social y económico que está sacudiendo todos los pilares éticos y morales de la sociedad.

Sin duda el sostén de esta crisis y el evidente aprovechamiento que se está haciendo de la misma para desmantelar todos los derechos y conquistas sociales que tanto sufrimiento costaron conseguir, no podría mantenerse ni perpetuarse si los grandes medios de comunicación interpretaran la parte que les compete desde la perspectiva de la inmensa mayoría de los ciudadanos y no en beneficio de unos pocos interesados en sus usufructos.

Por eso y mientras esos mismos que cuentan con la omnipresencia del poder establecido no puedan impedirlo será internet, la red de redes, la telaraña mundial, la que tenga que levantar obligatoriamente la voz por el bien presente y el futuro de nuestros hijos ante el cruel enfoque de la mayor parte de los grandes medios de comunicación.