martes, 20 de junio de 2017

Ni trono, ni rey... pero sin acritud, claro está.

Vaya por delante que no tengo ninguna animadversión personal contra los Reyes de España, sus padres e hijos o demás reyes, duques, condes o príncipes europeos. Si acaso al de Mónaco por aquello de ser la última monarquía absolutista del continente aunque como quiérase o no el pequeño reino es lo más parecido a un cuento de hadas, tampoco démosle más importancia...

domingo, 11 de junio de 2017

La “causa general” del PP.

Acorralado por la justicia, calificado como “una estructura diseñada para delinquir desde su inicio", con casi todos sus tesoreros imputados por la misma –solo se ha salvado Romay Beccaría-, con su presidente y presidente del gobierno a unos días de ser interrogado en un tribunal, con buena parte de su cúpula histórica y reciente inmersa en innumerables procesos judiciales e incluso con figuras de renombre entre rejas y acuciado por todo el conjunto de la oposición política, solo queda preguntarnos ¿hasta cuándo podrán aguantar el gobierno y el Partido Popular?

Los populares no se cansan de tachar de “causa general” semejante asedio pero no es menos cierto que no puede ser de otra manera cuando esos “casos aislados” que se atrevió a pronosticar el propio Mariano Rajoy, se han convertido en toda una generalidad al uso de su partido desde la misma fundación del mismo. Entre ellos el del propio Rajoy cuando era su vicesecretario general y director de varias campañas electorales que fueron financiadas fraudulentamente y al que veremos a ver cómo puede esquivar las preguntas del juez en los próximos días. Ahí no le valdrán su pésima oratoria y sus habituales despropósitos para con la prensa, si acaso el habitual “yo no sabía”, “me engañaron” y todas esas etiquetas con las que pretende aparecer ante la opinión pública como una víctima fruto de la ignorancia más supina lo que, en el mejor de los casos, le inhabilita igualmente para dirigir una entidad de esa índole y menos aún el gobierno de todo un país.

Ese “todos son iguales”, con el que la propaganda mediática al servicio de los populares pretende justificar tal ignominia y que de paso sirve para dar alas a una cada vez mayor desregulación a propuesta de los grandes capitales y las grandes empresas, solo puede servir ya para mantener vivo el aliento entre sus más fieles. La decidida actuación de la justicia frente al caso de los ERE de Andalucía o de la familia Puyol en Cataluña son buena prueba de ello. Y solo entre los más acólitos pueden resultar comparables casos como el del asistente de Echenique o la beca de Errejón frente a las consumadas tropelías de Rodrigo Rato cuando era ministro de economía o presidente de Bankia o las barrabasadas de Ignacio González o Francisco Granados, todas ellas de proporciones millonarias.

Hace solo unos días, el mismísimo Tribunal Constitucional sentenciaba que la vergonzosa amnistía fiscal de 2012, avalada por el ministro Montoro, fue ejecutada de forma inconstitucional y legitimó de este modo la acción de infinidad de defraudadores, también en cantidades millonarias, que por poco más de un quítame allá esas pajas vieron blanqueadas sus fortunas. Y no solo eso sí no que el propio tribunal critica abiertamente que tales decisiones “afecten a la esencia del deber de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos, alterando sustancialmente el reparto de la carga tributaria a la que deben contribuir la generalidad de los contribuyentes, según los criterios de capacidad económica, igualdad y progresividad”. Y señalando incluso que la denostada amnistía “viene a legitimar como una opción válida la conducta de quienes, de forma insolidaria, incumplieron su deber de tributar de acuerdo con su capacidad económica, colocándolos finalmente en una situación más favorable que la de aquellos que cumplieron voluntariamente y en plazo su obligación de contribuir”.

No hace mucho que, desde estas mismas líneas, hacíamos mención al “Caso Toblerone”, aquel por el que la vice-ministra sueca Mona Shalin tuvo que dimitir en 1995 por haber efectuado algunas pequeñas compras de carácter privado, entre ellas una tableta Toblerone, con su tarjeta oficial. Shalin, devolvió el importe gastado pero tuvo que abandonar la política, aunque volviera a retomarla años más tarde, perdonada por la opinión pública.

El Partido Popular lleva escondiéndose tras la bandera que dice liderar del frente contra la corrupción desde hace demasiado tiempo, el mismo en el que ha quedado palpablemente demostrado lleva torpedeando todas las acciones de la justicia en las que pueda verse implicado. Hasta inclusive intervenir directamente en la fiscalía y la judicatura como hemos visto no hace mucho. ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo más puede sostenerse un gobierno así? En esa singular estrategia de Ciudadanos  por ocupar el lugar de los populares tras su viaje del centro izquierda a la derecha, mientras lo hostiga continuamente por sus múltiples tramas corruptas ¿cuánto tiempo más podrá servirle de muleta?

Que el sistema, tal como ha vislumbrado la crisis y la deriva que ha tomado la misma, está podrido en todo el occidente súper desarrollado es de una evidencia que en las circunstancias actuales y cara al futuro próximo podría tacharse de aterradora para las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del SXX. En España estas llegaron más tarde y solo dio tiempo para quedarse a medias pero, en lo referente a la corrupción política ni siquiera parece que este país, tras 40 años de democracia, haya alcanzado el mínimo suficiente para combatirla.  



lunes, 5 de junio de 2017

Fútbol, tragedia y muerte

 En 2013, varios grupos enfrentados al gobierno  sirio de  Bashar al-Asad, se constituyeron en el denominado Frente Islámico, perteneciente a la corriente salafista –la más radical del islam-, por el que parece que apostaron de manera decidida algunas monarquías del Golfo con la intención de frenar la expansión chií en Oriente Medio.  Las consecuencias de ello son sobradamente conocidas por todos en especial desde la declaración del Estado Islámico de Irak y el Levante, más conocido como EI o Daesh, en este último extremo desde sus primeros atentados en Francia.

A partir de ahí la persistencia de los conflictos en Oriente Medio –Siria, Irak, Yemen, Palestina y por ende Afganistán y el problema kurdo-, la guerra de Libia, la inestabilidad de toda la franja del África mediterránea, la catástrofe del Sahel, el drama del África subsahariana, los millares de vidas que se cobra el Mediterráneo cada año y una persistente crisis en el mundo desarrollado que castiga de manera inclemente a las clases más desfavorecidas ha creado un explosivo cóctel al que la irrupción en el escenario de una inusitada violencia religiosa ha hecho poner en trance a toda la sociedad occidental.

La noche del pasado sábado, en una especie de diabólico simbolismo, una nueva andanada de odio ha vuelto a sesgar las vidas de unos inocentes en Londres, mientras a poco más de doscientos kilómetros se cerraba el mayor acontecimiento deportivo del continente. Un deporte trastocado por un exceso delirante, frenado y desplazado por la brutalidad de una venganza infinita.

Un conflicto de proporciones inauditas que por una parte la soberbia de un capitalismo despiadado y de otra una interpretación vehemente del credo religioso, conducen de forma inexorable a un violento choque de trenes. Matar moscas a cañonazos o ponerle puertas al mar parece ser la estrategia más comúnmente utilizada por los países desarrollados antes que encarar la situación en el origen del problema. Una base de atentados de todo tipo, en especial en escenarios árabes con centenares de víctimas en cada mazazo, mientras en Europa, procedentes en su mayoría de los cinturones de grandes conurbaciones urbanas como París o Londres sacudidos ferozmente por la crisis económica, ensimismados por la doctrina salafista  fraguan sus represalias.

A la vista de todo esto, un panorama más que sombrío evita que pueda aparecer la luz en el corto o medio plazo, condenado en una insalvable espiral sin fin donde se cita una y otra vez la barbarie.

martes, 23 de mayo de 2017

Fútbol: ¿emoción, pasión o locura?

Hace unos años irrumpió en televisión con fuerza un programa pseudo-deportivo por nombre “Punto y Pelota”. Apenas si llegué a ver algunos minutos del mismo y como quiera que me pareció una nueva versión del “Sálvame” de la sobremesa pero en tono futbolero, lo despaché pronto y nunca volví a prestarle atención alguna. Pero de la misma manera que Sálvame y otras nauseas televisivas han encumbrado a sus productores a lo más alto, la fórmula funcionó y, bajo unas u otras apariencias, son varias las cadenas que emiten estos programas donde las tertulias y chascarrillos sobre la jornada, en vez de ser un espacio de información y debate acerca de los avatares del mundo del fútbol con la mejor empatía, se han convertido en una jaula de grillos, sin duda en aras del espectáculo y de una mayor audiencia.

Lo malo de esto es que dicho espectáculo se fragua en el agravio y el enfrentamiento, cuando no en el insulto, independientemente de los colores que parezcan defender en esa especie de ring del escarnio cada uno de los intervinientes en el acto. Para colmo y como una deriva del mismo han aparecido en Youtube y por ende en las redes sociales, una serie de individuos que a tenor de lo disparatado del asunto, han debido encontrar un nuevo filón profesando toda clase de injurias contra los clubes más afamados de la liga, en una nueva modalidad de reality que ha calado con tanta fuerza que se cuentan por millares sus seguidores.

Lo peor de esto es que en algunos casos no todo queda en la carcajada fácil, por muy soez que resulte el escenario, si no que el disparate pasa a mayores y con peores consecuencias. Esto, ni más ni menos, es lo que ha pasado en un bar de Badajoz durante la celebración de los partidos de Madrid y Barça en los que habría de resolverse el campeonato liguero. Tanto que ha tenido que acudir la policía a poner orden en el entuerto y todo, parece ser, que a costa de las declaraciones de uno de esos energúmenos propagadas a través de las redes sociales.

Y no solo eso, sin ir más lejos, durante la reciente semifinal de Champions entre Madrid y Atlético hemos podido asistir a toda clase de descalificaciones de una y otra parte a través de las susodichas redes sociales que a buen seguro se habrá saldado del peor modo en alguna parte no ya, que también, entre los promotores de las mismas si no peor aun cuando hayan sido consecuencia de las proclamas de terceros.

Bien es cierto que ni futbolistas, ni directivos, ni periodistas como hemos visto al principio, hacen mucho por evitarlo, si cabe más bien son auténticos especialistas en echar más leña al fuego. Aunque una vez consumado el desastre aparezcan los primeros en tirar de despecho. Pero tal modus operandi, recordemos que siempre en aras del provechoso lucro de unos, acaba teniendo resultados perversos para otros.

Claro que debemos respetar a ultranza la libertad de expresión, pero algo debe estar fallando en nuestro sentido de la educación y la cultura cuando un deporte como el fútbol aun convertido en espectáculo y que debería llevar al entretenimiento y en el mayor de los casos a la emoción sea, cada vez más, una excusa para desatar los instintos más irracionales del ser humano.

Dicho sea todo esto por un aficionado al fútbol, miembro y socio fundador de una Peña con 20 años de historia.


sábado, 20 de mayo de 2017

Populismos: cómo y por qué

«Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». Ésta es la definición que proporciona el diccionario de la RAE tras una búsqueda de la palabra «populismo». A la vista de ello, podríamos decir que cualquier formación política, sea del espectro ideológico que se trate, podría ser tachada de populista...

domingo, 7 de mayo de 2017

¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Al margen de los dimes y diretes de la moción de censura presentada por Podemos de la que tanto se habla estos días, la visión más objetiva del asunto es que la situación actual del Partido Popular es insostenible. Sin el menor género de dudas en ninguna democracia avanzada un partido político en sus circunstancias actuales podría mantenerse un minuto más en el gobierno.  Hasta el mismísimo Richard Nixon fue destituido por unas escuchas ilegales al partido rival, poco más que “un quítame allá esas pajas”, comparado con los delitos que se dirimen por estas lides contra el mismo.

Sí muchos entendemos que el presidente del gobierno y presidente del partido, durante años vicesecretario general del mismo y director de varias de sus campañas electorales en el momento más álgido de buena parte de los delitos que se le imputan, debería haber dimitido hace ya mucho tiempo, a estas alturas del metraje, no cabe otra cosa que exigirle que presente su dimisión ante el rey, convocar nuevas elecciones y pasar de manera definitiva al ostracismo político. Aunque sea solo por negligencia, si en verdad desconocía –algo que parece imposible dadas sus dimensiones-, toda una trama urdida desde hace décadas en las esferas más altas de su propio partido. Por su parte, del PP solo quedaría una nueva refundación, la desaparición de toda su cúpula, sus máximos responsables y todos aquellos que de manera más o menos próxima a sus círculos de poder hayan ostentado cierta representatividad. Dicho de otro modo, si no su desaparición de facto, sí que iniciar toda una travesía del desierto por respeto a todos los ciudadanos de este país y de manera muy especial a sus propios votantes. No en vano, su renovada nueva “marca blanca”, Ciudadanos, no cesa de dar pasos a la espera del colapso de los populares.

Ya no valen excusas. Ya no vale el “y tú más”, tantas veces argüido. Ni escudarse en las barrabasadas del PSOE en Andalucía, los desfalcos de la familia Puyol en Cataluña y menos aún en unas cuantas excepciones de las fuerzas políticas más recientes. Todo ello en un intento desesperado por hacer parecer a “todos iguales”, pretendiendo así colocar a todo el espectro político en su misma órbita de forma torticera y poniéndose de este modo al resguardo sus miserias ante el común de la ciudadanía. Aunque nunca un tribunal admitiera como defensa de un ladrón poner en valor al resto de ladrones.

El Partido Popular tiene imputados por la justicia a todos sus tesoreros –a excepción de Romay Beccaría-, desde  1982. Desde los tiempos de Alianza Popular, por lo que a la vista de los hechos podría decirse que el Partido Popular, muy al contrario de cómo ha afirmado su actual presidente calificando los mismos como “algunos casos aislados”, sería una estructura diseñada desde el primer momento para delinquir, con el objeto de extorsionar a empresas para financiar el partido y arbitrar la percepción fraudulenta de emolumentos de sus responsables al objeto de maniatar el silencio de cada uno de los mismos. Al final, resultó que en la famosa libreta de Luís Bárcenas, de la que el presidente Rajoy afirmó que “todo es falso salvo alguna cosa”, todas aquellas anotaciones eran ciertas y todavía está por ver si hay alguna que no lo era.

Nunca he aceptado que con aquel “España es diferente”, en aras del turismo acuñado por Manuel Fraga durante su etapa de ministro en los 60, se haya pretendido mediatizar y condicionar  de manera interesada a los ciudadanos de este país tan negativamente en cuanto a su sentido de la responsabilidad y la decencia. Nunca he creído que los españoles, franceses, alemanes, ingleses, italianos, daneses, portugueses o cualquier otro de lo que entendemos como sociedades democráticas, puedan tener una percepción distinta de la condición humana y no sean capaces de discernir entre el bien o el mal de la misma manera.

Por eso, ante semejantes tropelías, no podemos seguir permitiéndonos mirar hacia otro lado. El estado de derecho, la democracia y el pueblo soberano se merecen el máximo respeto de quienes han sido elegidos para dirimir su destino y de manera aún más especial de aquellos sobre los que ha recaído la tarea de conducir un país. Por lo que bien sea a través de una moción de censura, de la reprobación expresa del parlamento o de la expresión multitudinaria del pueblo es necesario, sin la mayor dilación, poner fin a un gobierno fruto de una formación política que durante años y años ha utilizado el poder de forma tan previsiblemente fraudulenta en su propio beneficio y que todavía hoy, a pesar de jactarse públicamente de ser el azote de la corrupción, vemos como una y otra vez utiliza los recursos del estado para torpedear la acción de la justicia.





sábado, 15 de abril de 2017

Madre mía, madre mía.


El problema de un tipo como Donald Trump es hasta cuánto de imprevisible puede llegar a ser. Durante toda la campaña Trump se jactó de decir, poco menos, que se la traía al pairo lo que ocurriera fronteras afuera de los Estados Unidos y ahora, con tres meses en el cargo se ha metido en un fregado en Siria, ha lanzado "la madre de todas las bombas" en Afganistán y ha mandado camino de Corea del Sur a uno de sus portaaviones del Pacífico con su flota de ataque.

Lo de Siria, parece que lejos del tradicional papel yanqui del justiciero universal, ha tenido más de lavar la imagen del multimillonario neoyorquino cara a la justicia norteamericana, por sus flirteos con Putin durante la campaña electoral. A lo que el ruso parece haberle seguido el juego por lo que, a decir de sesudos analistas, la cosa no pasará más allá de un quítame esas pajas entre ambos y esperemos que así sea. Al fin y al cabo, ha quedado bastante claro tras varios años de guerra, cientos de miles de muertos, millones de desplazados y la crisis de los refugiados, que a la comunidad internacional los problemas del pueblo sirio le importan un carajo.

En cuanto a lo del petardazo lanzado sobre Afganistán, la sensación que da es la del niño que ha querido probar un juguete. Es difícil de entender que el todopoderoso ejército norteamericano haya tenido que recurrir a un artilugio que borra todo cuanto queda a su paso en un radio de kilómetro y medio, para cargarse una insignificante cédula del ISI que no conocía casi nadie, a casi 4.000 km de su capital en la frontera de Pakistán y en territorio talibán, como si los americanos no tuvieran ya bastante con estos.

Pero lo verdaderamente peligroso del caso es lo de Corea del Sur por que no hay nada peor que dos locos frente a frente y, en lo que nos toca, Trump ya ha dado muestras más que suficientes de ser, sí no un enfermo en el sentido estricto de la palabra, sí un ególatra narcisista y prepotente, sin la menor idea de lo que se trae entre manos y de gatillo demasiado fácil.

No sé qué sentido tendrá aniquilar a un pueblo como el coreano, como si no hubiera tenido ya bastante con la que le ha caído a éste con la dinastía de la familia Kim, pero lo que debería suponerse es que el actual homólogo del magnate americano, amo y señor de un país que por su consabido aislamiento no sabe ni de la misa la media, morirá matando y a saber cuántos miles de cadáveres vamos a tener que recoger también de este lado.

Visto lo visto, con la inutilidad manifiesta de la ONU y los líderes de la Unión Europea reuniéndose una y otra vez para ver donde terminan de reunirse, no sé yo si cualquier día de esto veremos si llegamos a fin de mes. Así que lo mejor que nos puede pasar es que los jueces de esa gran nación que son los Estados Unidos, se sientan iluminados y sean capaces de quitarse de en medio semejante cretino. No solo le estarán haciendo un favor a su propio país si no a este mundo que, entre unos y otros, parecen decididos en convertirlo en un infame lugar para vivir.