martes, 29 de enero de 2019

Los retos de la Unión Europea


Este año 2019 que acaba de empezar es el de Blade Runner, la legendaria película de Ridley Scott. Aunque todavía no tengamos coches circulando por el cielo o la robótica y la inteligencia artificial no hayan alcanzado el nivel de Nexus 6, no es menos cierto que el futuro distópico que plantea la misma, en un modo u otro, cada vez se antoja más próximo...

miércoles, 23 de enero de 2019

¿Podemos?

El 15 de Mayo de 2011, una manifestación convocada por diversos colectivos que terminarían acampando en la Puerta del Sol de Madrid, daría el pistoletazo de salida al que inmediatamente se conocería como Movimiento 15M y que en numerosas ciudades de España se personificó en diferentes grupos, especialmente de jóvenes, que reivindicaban otro modelo económico, político y social a raíz de la crisis económica desatada unos años antes.

Poco después Podemos, una nueva formación política a escala nacional, pretendió aglutinar buena parte de las iniciativas propuestas por aquel movimiento y tras un sorprendente arranque en las elecciones europeas de 2014 alcanzaría su techo electoral en las elecciones generales del 26 de Junio de 2016 consiguiendo 45 diputados, el mejor resultado para una fuerza situada a la izquierda del PSOE de la actual democracia española. Pero a partir de ahí Podemos no ha dejado de perder apoyos y son varias las circunstancias que le han llevado ello.

Sin obviar la furibunda campaña mediática desatada en su contra por las fuerzas conservadoras, qué duda cabe que la gestión del partido ha sido y es en buena parte responsable de ello. Podemos en principio dio la idea de no ser un partido al uso y pretendió hacer de la transversalidad su modos vivendi asumiendo en un primer momento similares  sensibilidades existentes en todo el territorio nacional. Pero con el tiempo ha venido a cometer los mismos errores de aquellos partidos a los que no quería imitar y ha terminado consagrando a la marca y a la figura del líder el poder hegemónico del mismo con una evidente estructura de orden vertical como en el resto.

De este modo Podemos se encuentra hoy con problemas de todo tipo en varias autonomías y especialmente en el caso de Cataluña, Galicia, Madrid, Navarra o Extremadura debido a sus confluencias con otras formaciones políticas que se presentaron en las pasadas elecciones municipales cuando Podemos no lo hizo o donde desde el partido se impulsaron lo que el mismo llama «partidos instrumentales», pero con absoluta independencia legal. En la mayor parte de los casos el problema surge por querer imponer desde Madrid y sus más disciplinadas delegaciones los criterios del «aparato», tanto en los puestos de responsabilidad que se traten como en la actualidad para la confección de las listas electorales, independientemente del apego que cuenten unos y otros con respecto a sus votantes.

Es aquí donde Podemos ha fallado como lo han venido haciendo históricamente los partidos tradicionales. En vez de aplicar un evidente criterio de oportunidad, sabiendo dar un paso atrás allá donde sus socios gocen de buena salud lo que correspondería a un auténtico razonamiento de transversalidad Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza y toda su corte de adláteres, ha pretendido interferir en todos y cada uno de los procesos locales y autonómicos, imponiendo sus candidatos y su marca por delante de la realidad existente. Y es que algo debe fallar en la cúpula de Podemos cuando de sus fundadores solo queda ya Pablo Iglesias, con Juan Carlos Monedero en la sombra. El resto de aquella «cuadrilla de amigos» o bien han abandonado la política o se han ido distanciando de manera más o menos brusca del híper-liderazgo de Iglesias.

Pablo Iglesias, a pesar de alardear de todo lo contrario y a través de teledirigidas decisiones asamblearias, ha caído en los mismos errores de los grandes partidos que han hegemonizado el poder político en España desde los años 80, haciendo prevalecer por encima de todo la marca y la figura de un líder que además de asumir la representación de los militantes se sirva de los mismos para lograr el poder. Tanto en el PSOE como en el Partido Popular –quizá algo menos en este último por su carácter conservador- las decisiones de la dirección del partido a la hora de confeccionar listas y nombrar cargos han resultado en muchos casos tumultuosas por cuanto éstas se producen de manera directamente proporcional al grado de disposición del interesado o la interesada con la cúpula del mismo. En el caso de los populares, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera sus candidatos han sido el resultado de un proceso de primarias sí no que han sido elegidos «a dedo» por la dirección cuando no directamente por su presidente. 

Cada país, cada región, tiene su propia idiosincrasia. Quizá España, desde el primer momento, enfocó mal el modo de organización territorial y debería habérsele dado mucho más protagonismo a los ayuntamientos, primer referente de la administración pública para los ciudadanos como ocurre en otros estados europeos. Además, en el caso concreto de nuestro país, la falta de contundencia ante los incontables casos de corrupción de los dos partidos que han acaparado la política española desde los años 80, PP y PSOE, se lo ha puesto cada vez más difícil a sus respectivas agrupaciones locales a las que, en cada caso y en cada momento, han pasado factura las tropelías de unos y otros a lo largo y ancho de la geografía española amén de provocar el lógico efecto contagio en numerosas de ellas.

Pablo Iglesias no ha sabido aprovechar las sinergias y experiencia de multitud de grupos políticos que, de una manera u otra, con mayor o menor vinculación a Podemos, herederos de aquel movimiento de indignación surgido en 2011, se presentaron en las elecciones municipales de 2015 y han venido desarrollando en muchos casos una intensa labor en sus respectivos ayuntamientos y otras administraciones. Iglesias y su corte de incondicionales han preferido priorizar su marca, su color morado y la figura de su insigne secretario general desalojando a sus antiguos compañeros de viaje sin tener en cuenta la labor realizada. 

La supuesta transversalidad inicial de la que tanto hizo gala Podemos ya no tiene cabida en el mismo, solo tendrán su sitio en el paraíso aquellos que acaten sin rechistar los pronunciamientos, formas y maneras de su líder y rindan culto a la marca. Lástima en un momento crucial para España con un futuro más que incierto por delante, con otro periodo de recesión económica en ciernes de dimensiones planetarias y una extrema derecha que vuelve a posicionarse en España y en toda Europa como en tiempos pasados. 

Podemos, por sus prejuicios, errores y una ferviente devoción a su líder parece abocado sí no a su desaparición a tener un papel poco o nada relevante como el que ha venido teniendo Izquierda Unida la mayoría de las veces. Ya casi no queda tiempo ante la inminencia de los próximos envites electorales del mes de Mayo, pero solo ese paso atrás de la formación en beneficio de aquellas personas que durante estos últimos años han contado con el beneplácito de la ciudadanía en consideración al trabajo realizado, podría mantenerle aún con vida. Y con lo que es más importante para todos: la esperanza. 

domingo, 6 de enero de 2019

2018 vs 2019


Leía en alguna parte que de este recién finalizado 2018 poco o nada hay que celebrar. Tanto es así que probablemente los dos sucesos más significativos acaecidos en España el pasado año hayan sido, por una parte, la primera moción de censura de la democracia española que ha hecho caer un gobierno a causa de la corrupción y de otra la irrupción en la escena política de un partido de extrema derecha al unísono de lo que viene ocurriendo en los últimos tiempos en casi toda Europa. Entre ambos casos y por encima de todo una crisis finiquitada con éxito para las élites que han visto como se multiplicaba su riqueza, mientras la misma se ha hecho crónica para la mayoría de los mortales. Y para poner la guinda un conflicto catalán que no cesa y en el que las partes se dijera perdieron el sentido común hace tiempo ante una espiral de nacionalismos enfrentados que a falta de rigor terrenal como la fe son capaces de mover montañas...


domingo, 9 de diciembre de 2018

La voz


Como era de esperar ha causado una conmoción en el escenario andaluz, más aun por la forma en que lo ha hecho, la irrupción de Vox, un partido ultra derechista avalado por sus homólogos europeos Marine Le Pen en Francia, Geert Wilders en Holanda y Matteo Salvini en Italia entre otros y por ello todos los medios de comunicación que se precien siguen valorando de manera tan insistente el hecho. Si bien es cierto que, por lo general, las elecciones autonómicas no suelen ser un espejo de lo que pueda ocurrir en unas generales y que cada zona de España tiene su propia casuística e idiosincrasia –el PSOE, por ejemplo, gobierna en Andalucía desde la llegada de la democracia lo que le ha pasado factura de manera muy sensible en especial a partir de sus numerosos episodios de corrupción-, no es menos cierto que pasar de prácticamente cero a  casi 400.000 votos es algo que no puede pasar inadvertido. Ya ocurrió con Podemos y Ciudadanos en su momento en un país donde desde 1982 el poder lo habían monopolizado PSOE y PP.

En primer lugar lo primero que deberíamos decir es que España no es tan diferente de los demás países de su entorno como hemos repetido en esta misma tribuna en numerosas ocasiones. Es cierto que en España, de la misma manera que ocurre a la inversa en los países de más allá del antiguo Telón de Acero donde los partidos de izquierda no tienen mucha relevancia, el hecho de haber permanecido casi cuatro décadas bajo una dictadura de derechas ha provocado que los grupos políticos que de un modo u otro puedan identificarse con la misma hayan tenido poca o casi ninguna presencia en las instituciones. Máxime si a eso añadimos que el Partido Popular, herencia de la antigua Alianza Popular un partido fundado por antiguos ministros de la dictadura, receloso incluso en su día de la actual Constitución, ha venido concentrando de manera casi exclusiva todo el arco ideológico conservador en España, desde el centro derecha hasta sus opciones más reaccionarias.

Por esto mismo es de suponer que a pesar de la extrema dureza con que la crisis económica ha sacudido la sociedad española hasta ahora, ello no haya tenido la debida traducción en la aparición de otras opciones políticas a la derecha del PP. Probablemente el que Ciudadanos, en su viraje a la derecha nacionalista y Podemos a la izquierda del PSOE hayan roto el citado monopolio PP/PSOE, ha dado pie a que una parte del electorado pueda presumir ahora de otra nueva opción en la derecha del tablero. En cualquier caso ¿Qué es lo que ha empujado a este último a depositar su confianza en un partido de las características de Vox?

Como ya hemos referido también en alguna ocasión, aunque los diferentes partidos en la extrema derecha se nutren de los mismos ingredientes es obvio que según sea el caso determinados parámetros resultan más preponderantes que otros. Es decir, aunque beban de las mismas fuentes –nacionalismo, inmigración, seguridad, etc-, no es el mismo discurso el de Bolsonaro en Brasil, que el del italiano Salvini o el del Tea Party en los Estados Unidos. En España Vox ha centrado su campaña básicamente en dos cuestiones prioritarias, por un lado la proyección de una efervescencia nacionalista española como reacción a la vorágine independentista catalana –el caso particular español-, y por otra parte el discurso anti inmigración habitual en todos los grupos ultraderechistas europeos con un marcado carácter xenófobo. Por lo demás los ya tradicionales alegatos en contra del aborto, antifeminista, anti LGTBI, del estado de las autonomías, de la ley de memoria histórica, etc. Situando siempre en un segundo plano lo económico con las conocidas recetas neoliberales que acabaron dando lugar a la actual crisis: bajada de impuestos, reducción de los servicios públicos, etcétera, etcétera.

Por lo demás un programa donde además de las propuestas ya conocidas de <Levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla> o < Transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario que promueva la igualdad y la solidaridad en vez de los privilegios y la división. Un solo gobierno y un solo parlamento para toda España.>, entre otras, que a su vez esta plagado de obviedades como la detención de imanes que propaguen el islamismo radical o la persecución de diferentes actividades delictivas ya de por sí recogidas en el ordenamiento jurídico español o curiosidades como la exención del IRPF para aquellos que tengan ingresos por debajo de los 12.000 € anuales cuando en la actualidad ese mínimo es de 22.000 € mientras se cita la consabida bajada de impuestos.

Visto el discurso de Vox, su campaña electoral y una vez analizados sus votantes en Andalucía, conforme diferentes parámetros y la ubicación de las mesas electorales, parece que la mayor parte de su electorado lo componen antiguos votantes del Partido Popular, es decir lo que podríamos adivinar como el ala más conservadora del mismo y buena parte de los que votaron a Ciudadanos las elecciones anteriores. Según otra encuesta de EL País, más del 78 % entre Cs y PP, poco más de un 7 % procedentes de antiguos votantes de Podemos y PSOE y el resto de otros partidos, que no votaron o lo hicieron en blanco en los comicios de 2015. Entre estos últimos los de ese pequeño reducto de la derecha post franquista -Falange ha perdido casi la mitad de sus votos- y el resto, su mayor parte, de los desencantados procedentes de cualquier parte del electorado con poco o ningún arraigo ideológico y enmarcados en las clases más bajas donde la crisis ha sacudido con especial virulencia y no han encontrado respuesta a sus innumerables problemas en otras opciones políticas.

Habrá que ver la proyección en los próximos meses de Vox. Es más que probable que su carrera siga en ascenso, al menos hasta las europeas, autonómicas y municipales que se celebrarán la próxima primavera ya que van a contar con un altavoz en una institución tan importante como el parlamento autonómico de la comunidad más poblada de España. Y en un país donde la precariedad laboral y los desequilibrios sociales no paran de crecer es su mejor caldo de cultivo. Frenar estos movimientos en toda Europa, con un fuerte arraigo nacional-populista, donde se ha encontrado la figura del chivo expiatorio cargando las causas de la crisis en la migración –en España ya casi el 29 % de los ciudadanos lo creen así, respuesta que en las clases más bajas alcanza casi el 44 %-, resultan difícil de combatir mientras las condiciones sociales se sigan deteriorando.
Soluciones sencillas a problemas extraordinariamente complejos o la utilización de términos como invasión o reconquista cuando se trata el tema migratorio calan en una parte de la opinión pública por mucho que los datos reales demuestren lo contrario. Por eso es necesario ponerse a trabajar de manera seria, ordenada y sin necesidad de darle la espalda a Vox desmontar de manera argumentada sus tesis de la forma más razonada posible por contra a la simplicidad que éstos esgrimen en cada una de sus denuncias y propuestas. Qué menos que facilitar a la opinión pública las debidas explicaciones antes que permitir que se aboque a un discurso integrista de peligrosas consecuencias.   

Probablemente la respuesta a ello debería pasar también porque de una vez por todas la clase política en general deje de mirarse el ombligo, se ponga por fin a gobernar para la gente y deje de hacerlo para las élites. Lástima que esto, visto lo visto, parezca tan harto difícil en el panorama actual.

<Afrontar el desafío de este nuevo periodo exige imperativamente a las democracias encontrar modelos económicos y sociales que apuesten, de modo efectivo, por eliminar la gran brecha actual de la desigualdad, por la solidaridad, expectativas que son de la inmensa mayoría de la población arraigada en la civilización del respeto mutuo y de la dignidad. Al mismo tiempo, sin embargo, resulta llamativa la aparición —como consecuencia de los efectos disgregadores de la globalización— de capas sociales reacias étnica, cultural y políticamente, que se identifican con un discurso de odio de remota experiencia. Se trata de una tendencia mundial, cuyas características comunes son tan importantes como sus diferencias.> Sami Naïr.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Del Supremo y los Bancos


El 29 de Mayo de 1995 quedó aprobado  el Reglamento del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados que después de muchos años de ambigüedades venía a especificar que dicho tributo debía abonarlo la persona que solicita el préstamo. El que España sea junto a Francia, Italia y Portugal uno de los pocos países de la U.E. que tienen dicho impuesto y el que en todos los casos sea soportado por el cliente tampoco debería implicar que se trate de un criterio del todo acertado y por eso, desde aquel 1995 hasta el día de hoy, los tribunales de justicia españoles se han pronunciado de diferente manera al respecto. La cuestión a dilucidar es clara: ¿quién es el principal beneficiado en la concesión del crédito? ¿El cliente que obtendrá un beneficio a futuro sobre la supuesta revalorización del patrimonio adquirido o lo será el banco por los beneficios directos obtenidos del crédito? ¿Es lógica la aplicación de dicho impuesto por cuanto de doble tributación pudiera darse en cada una de las partes? Quedo a los ávidos lectores la resolución a dichos interrogantes ya que tales incógnitas no son el motivo principal del presente artículo...




lunes, 12 de noviembre de 2018

Bolsonaro ¿Cómo y por qué?

Jair Bolsonaro
Delata a tu profesor, así se hacía eco eldiario.es del artículo aparecido en The Guardian en el que se da cuenta cómo una de las nuevas diputadas brasileñas electas junto a Jair Bolsonaro por el PSL (Partido Social Liberal), anima a los estudiantes de ese país a denunciar a través de un número de WhatsApp  cualquier indicio en sus profesores de una conducta que ponga en tela de juicio al nuevo régimen. Ya lo advirtió durante la campaña el propio Bolsonaro, aunque haya querido quitarle hierro al asunto a última hora, que los rojos serían encarcelados o tendrían que exiliarse de Brasil...


miércoles, 31 de octubre de 2018

Neoliberales

La irrupción de los diferentes modelos de fascismo en la Europa de entreguerras con su fuerte carácter militarista, las tensiones ideológicas surgidas entre éstos y los movimientos socialistas y comunistas, las secuelas de la Gran Depresión tras los Felices 20, las particularidades de cada caso como el del atraso secular de España o la Alemania confinada por las abusivas sanciones del Tratado de Versalles y la incapacidad de la política tradicional para dar respuesta a todo ello, acabaron colapsando de un modo u otro la convivencia y en el caso de España dando pie a una guerra civil que se acabaría convirtiendo en la antesala de lo que sería el mayor conflicto bélico de la historia: la 2ª. Guerra Mundial...