sábado, 23 de junio de 2012

Exigencias de la democracia

“Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser grande o democracia” (Theodore Roosevelt)

El espectáculo que hemos presenciado recientemente, ante la extraordinaria presión que ha ejercido Bruselas, en las pasadas elecciones griegas para que el pueblo heleno votara las opciones más próximas a la cuerda conservadora de sus intereses, utilizando toda clase de amenazas ante supuestos argumentos que han sido negados reiteradamente por la opción izquierdista Siryza, ha acabado rayando en lo siniestro. O lo que es lo mismo, encumbrando nuevamente al poder a Nueva Democracia el partido que en, en connivencia con Goldman Sachs –mientras la UE miraba para otro lado-, falseo las cuentas helenas y acabó llevando a la ruina a Grecia que junto a la nefasta intervención de las instituciones europeas al respecto con sus sucesivos rescates han abocado a la miseria al menos culpable en toda esta nueva tragedia griega que es el pueblo, mientras que los auténticos responsables siguen, seguro, a buen recaudo.

De nuestras fronteras para adentro el caso español empieza a resultar, igualmente, esperpéntico. Además de las continuas declaraciones de los líderes de los dos partidos dominantes, absolutamente contradictorias con el discurso que venían manteniendo antes de la inversión de poderes tras las últimas elecciones generales, el incumplimiento permanente del programa electoral del gobierno actual y las discordancias continuas en el discurso de los representantes del Partido Popular, estamos también presenciando no ya el desprestigio en toda regla de la clase política dominante como vienen manifestando las sucesivas encuestas en los últimos años sino, lo que es peor, un auténtico desprecio por parte de las mismas del concepto mismo de democracia. Desde el rechazo a cualquier tipo de investigación a los desórdenes de las entidades financieras tras el arranque del milenio -especialmente a las Cajas de Ahorro, regentadas mayoritariamente por PP y PSOE-, pasando por la inhibición de los mismos en el flagrante caso del poder judicial que ha resultado ser un auténtico despiporre o el rechazo a la revisión de toda esa exagerada clase de privilegios que gozan los políticos de alto rango –algunos incluso sin tener que llegar a tal condición-, hasta alcanzar su cenit, amén de lo que quede por ver, con la negativa del presidente del gobierno a acometer el debate del estado de la nación, son síntomas más que evidentes de un ultraje flagrante a la sociedad democrática.

La propensión especial del actual gobierno conservador a acometer un abuso más que excesivo de la mayoría que le respalda en el Parlamento –recordemos que solo el peculiar sistema electoral español le ha permitido tal dispendio, como otrora ocurriera de forma similar en diferentes ocasiones-, está superando una vez más los límites de lo que sería éticamente razonable. Su desconexión de la realidad social de la mayoría de la población y su obsesión por reconducir un modelo económico que tanto la historia pasada como presente refrenda en un absoluto fracaso está conduciendo a la sociedad española a una situación de amedrentamiento y desesperación ante la merma de sus condiciones de vida que está trayendo dramáticas consecuencias. La experiencia, llamada incluso “experimento”, ejecutado sobre la sociedad griega en parecidas circunstancias solo ha llevado consigo la desesperación del pueblo griego a la vista de los desastrosos resultados cosechados hasta la fecha.

Una política basada en el desmantelamiento de los beneficios sociales cosechados durante la mayor parte de la segunda mitad del SXX –en España hubo que esperar algo más debido a la oligarquía franquista-, inspirados en un modelo político, social y económico basado en el bien común, por otro donde la intangible dictadura del poder y el dinero asume un rol tan dominante en el que incluso la democracia queda relegada a un segundo plano solo puede traer pésimas consecuencias para todo el conjunto de la sociedad. Alemania y sus acólitos, Holanda, Austria y Finlandia, la City Londinense y todo el rosario de especuladores que siembran cada uno de los rincones del continente, incluida la geografía española, han atropellado un modelo político que traía como principal cometido el desarrollo a través de la solidaridad entre los pueblos. En la actualidad estos actores son los que realmente gobiernan los destinos de la U.E. y por ende de todos los pueblos que la conforman, tanto es así que han hecho de los políticos, al menos de una buena parte de ellos, una clase servil a sus intereses y contagiada de su egoísmo, a pesar de las penurias que puedan provocar con sus decisiones a la mayoría de sus conciudadanos. Casi con toda probabilidad no haya mayor prueba de todo esto que en vez de consolidarse en primer lugar una verdadera unión política entre todos los países miembros de la U.E. se prefirió una unidad financiera, con el euro como moneda única, que acabó repercutiendo negativamente, ante la falta de control y supervisión necesaria en los países menos desarrollados, elevando los precios al consumo muy por encima de lo que hacían los salarios para el grueso de la clase trabajadora. Mientras la clase dominante se beneficiaba de ello con el aumento descarado de sus beneficios. Véase el caso de España donde, a pesar de la situación en que se encuentra el país se da la paradoja que es donde más se ha ensanchado la diferencia entre salarios altos y bajos.

En este panorama desolador ante el que nos encontramos, la falta de adscripción por esta clase política a las esencias de la democracia en todos los ámbitos que la misma le otorga, puede acarrear nefastas consecuencias para el conjunto de la sociedad pudiendo caer esta en la radicalidad populista de la que la historia nos muestra tan trágico bagaje. Hace apenas dos semanas publicábamos un artículo en un sentido similar, referido especialmente a la necesidad de exigir que se depuren todas las responsabilidades necesarias en esta maraña de sucesos que han sacudido la columna vertebral de este país. No es menos necesario ahora pedir del gobierno de España la máxima claridad y transparencia a la hora de comunicar a los ciudadanos sus decisiones y el porqué de las mismas y no solo permitir sino exigir el debate en lo que debe ser el ágora del pueblo, el Parlamento, para fortalecer y enriquecer una mejor toma de decisiones.

6 comentarios:

  1. Pero la cuestión es, ¿realmente tiene el pueblo poder para exigir responsabilidades a sus representantes? Es decir, la democracia está funcionando como una tiranía, y pese a las mentiras y la corrupción no se han tomado represalias judiciales contra esos mismos mentirosos y corruptos. Se han permitido y omitido privilegios de los pudientes, ventajas para los especuladores y desplantes varios... pero el trabajador humilde no tiene más remedio que acatar la ley a rajatabla. ¿Dónde está la igualdad? El pobre se resigna y el rico se sale con la suya, en este mundo gobernado por Lazarillos de Tormes vestidos de esmoquin.

    Yo lo veo claro, hace falta una gran voluntad de cambio por parte de la población, una marea pacífica que les apee de la burra y dé paso a una nueva época. Pero la población sigue gritando "gol" en el fútbol, "set" en el tenis o pole en la F1, mientras las conquistas de nuestros antecesores se escoran por el retrete.

    Esto pinta muy oscuro, porque los invocadores del mal capitalista han perdido el control de sus sabuesos, y hoy galopan salvajes por el mundo, haciendo de las suyas, impunes. Y esos invocadores, o quizá títeres, escenifican mil obras de teatro distintas -según convenga-, para ocultar su culpa y la culpa de la sociedad.

    Seamos valientes y demos un paso al frente; lo primero es reconocer el error.

    Un saludo.

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  2. Correcto, lo primero es reconocer el error pero, especialmente, de los que mandan. Fijate Oscar, al principio de la llegada del gobierno de Rajoy la excusa predilecta del mismo era la herencia recibida, después vista la inoperancia de la verborrea pasaron a culpabilizar a ese fenómeno que se dice tan abstracto y no lo es de "los mercados" y, ahora visto fracaso tras fracaso se ha vuelto a incidir en una idea que le dió un buen resultado en la campaña electoral: "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Y esto es una auténtica falacia.

    ¿Quién ha vivido por encima de sus posibildiades? Yo y otros tantísimos como yo, la inmensa mayoria, NO. Porque no podemos decir que haya vivido por encima de sus posibilidades aquellos que para poder emanciparse tuvieron que acceder a un piso bien de alquiler o en propiedad en unas condiciones draconianas. Sí, por el contrario podremos acusar de ello a aquellos que accedieron, en un exceso de vanidad a la segunda vivienda, a la parcela o al coche de superlujo superando con creces su capacidad de endeudamiento.

    Pero a cuantos representan estos, evidentemente, a una minoría. Luego, ¿quien ha vivido realmente por encima de sus posibildiades? ¿El estado, las clases altas? Pues sí esos sí que han vivido por encima de sus posibilidades y, en el caso del estado, los responsables políticos han despilfarrado y gastado muy por encima de lo racional. Unos y otros, estos sí que son los responsables de la situación de crisis sistémica en la que nos encontramos.

    Es ahí donde la voluntad popular no puede consentir tal engaño. Por eso hay que exigir esas responsabilidades y exigir, igualmente, de esos mismos responsables un cambio de actitudes. ¿Cómo? Es dificil claro pero, aún tratándose probablemente de brindis al sol, por primera vez se habla en los centros del poder político de conceptos como crecimiento, tasas en las transacciones financieras... que en los últimos años habían salido de su diccionario.

    Algo estaremos consiguiendo, o al menos creamos que lo parece, y por eso no dedebemos cejar en nuestro empeño.

    Un saludo y gracias por tu enriquecedor comentario.

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  3. enriquecedor comentario y artículo, ya lo creo, enhorabuena por tantas verdades juntas.

    Un saludo, mar

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    1. Gracias a ti por pasarte por esta bitácora.

      Saludos

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  4. Muy bueno. No podemos oernanecer impasibles, ante todo lo que pasa.En el art. 1.2 de nuestra Constitución se dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español.

    Un saludo

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