jueves, 21 de abril de 2016

De hospital a taberna: Antología de un disparate

Decía no hace mucho el actual presidente de la Diputación, institución propietaria del Hospital Provincial de San Sebastián de Badajoz, que eso de las residencias para la tercera edad ya no era importante, que ahora lo mejor es la atención domiciliaria. La verdad que uno que ha tenido casos muy directos de personas necesitadas de ese tipo de atención especializada, casi me llevaba las manos a la cabeza leyendo semejante disparate. Colocar en el mismo rasero los medios, los debidos medios que a tal uso deben estar disponibles en una instalación adecuada para la atención de nuestros mayores, con los de una vivienda particular cualquiera, es una comparación que además de ser disparatada demuestra o bien una ignorancia supina o una intencionalidad expresa en impedir por todos los medios la conversión de un espacio concreto, como puede ser el Hospital Provincial, en una residencia de esas características.

En este súmmum del disparate, la última ocurrencia por parte del presidente de la Diputación es la de convertir tan magno edificio –curiosamente dedicado desde su fundación a finales del SXVII a servicios sociales-, en un mercado de abastos, un mercado gourmet con bares de tapas incluido –al estilo del Mercado San Miguel de Madrid-, e incluso en un alojamiento turístico entre otras muchas cosas.  Mucho deberá gustarle al tipo ese llamado “espacio culinario” que casi adosado a la Plaza Mayor de Madrid hace las delicias de los vecinos y sobre todo las de las decenas de miles de turistas que visitan a diario la capital. Pero asimilar tal infraestructura a un espacio como el de un hospital y máxime en una ciudad provinciana como Badajoz al albor de semejantes expectativas es algo que se sale por completo de ojo, además de causar un gravísimo perjuicio, peor aún gestado desde un organismo público, a las decenas de hosteleros que en un escenario tan adverso como el de esta eterna crisis económica intentan consolidarse en el caso antiguo, a solo unos pocos minutos de distancia de la plaza donde se ubica el edificio del hospital.

Pero muy por encima de todo esto prima una cuestión de sensatez y sobre todo de necesidad. Y de NECESIDAD, con mayúsculas, por qué si en Extremadura como en el resto de España uno de los pilares del estado del bienestar como lo es la atención a nuestros mayores queda lejos de lo que debería ser, en el caso de Badajoz el número de camas residenciales para la tercera edad no llega ni a un tercio de la media de la Comunidad Autónoma.  Es realmente triste y lamentable, amén de los perjuicios y costes que ello conlleva, que muchas personas hayan tenido que ser alojadas en residencias de otras localidades, más o menos próximas a Badajoz, ante la falta de plazas en la misma. Un perjuicio humano a los residentes por cuanto se les saca fuera de su entorno y un coste añadido para sus familiares por los gastos que genera el tener que desplazarse para visitarles y estar pendientes de ellos.

El Hospital Provincial es el espacio ideal para cubrir, al menos, una parte de esa, que no se nos olvide, extraordinaria necesidad. Una ubicación perfecta, en el mismo corazón de la ciudad, para que los residentes no dejen de sentirse próximos a sus familiares,  a sus amigos y su vida diaria de siempre. Una infraestructura óptima, por cuanto el Hospital cuando cerró sus puertas venía de una reforma no muy lejana en el tiempo que había rehabilitado por completo sus instalaciones. Un espacio total de 22.000 metros cuadrados de los cuales a dicha residencia de mayores les bastaría con solo 8.000 de los mismos dejando el resto a cualesquiera otras actividades de carácter cultural, tan necesarias por otra parte en la ciudad.

Una residencia de estas características aportaría además un plus fundamental para la aportación de riqueza a la ciudad, como no puede ser otro como el de la creación de más de 300 puestos de trabajo. Empleos además especializados y debidamente remunerados que repercutirían no solo en su entorno, si no de manera indirecta en toda la ciudad.

El problema de rehabilitar esa poco más de la tercera parte del edificio del antiguo Hospital Provincial y reconvertirla en un instrumento tan necesario como el de una residencia de mayores, no responde a una cuestión económica. Vengan “papeles de Panamá” que lo vean. Estamos ante una cuestión de auténtica voluntad política donde ante tamañas evidencias parece cada vez más indudable que prima un interés meramente partidista por parte de la regencia del edificio, capaz de dar prioridad a una actividad lúdica muy por encima de las necesidades más básicas de la sociedad pacense.



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