Si en algo se ha caracterizado
Extremadura, desde que la democracia alumbrara sus puertas aunque
siga permaneciendo lejos de las cuitas del poder del reino, lo ha
sido por la sin par verborrea de quienes se han sentado a regir sus
desvelos. Primero con Luis
Ramallo ¿se acuerdan?, aquel que puso de
vuelta y media a Pilar Miro por un “quítame allá esos vestidos”
que acabaron costándole el puesto a la genial cineasta, aunque haya
que reconocerle al mismo sus sinceras disculpas por tamaño destrozo, pese a que no sirviera de nada por ser demasiado tarde
para eso. Tras el paréntesis de Manuel Bermejo llegaría el casi
eterno Juan
Carlos Rodríguez Ibarra que, a pesar de
propiciar un enorme salto a Extremadura en el espacio y el tiempo, su
lengua suelta y vivaz hizo correr ríos de tinta por todas las
tierras de Iberia.
José A. Monago |
Hoy, hace ya un año largo que se acabó
granjeando el cargo el popular José Antonio Monago, singular
personaje éste dispuesto a vender su alma a costa de mimar a
Izquierda Unida para mantenerse en el mismo, dando una de cal y otra
de arena en la calle Génova del Madrid de los Austrias donde, según
se dice, en la sede de su partido gustan de llamarle el barón rojo,
aunque no sepamos si con ello se refieren al malabarista aviador
alemán de la 1ª. Guerra Mundial o por sus guiños al otro extremo
de la ortodoxia liberal del Partido Popular.
Después de algunos amagos,
rápidamente sofocados por el aparato del PP, el presidente se ha
destapado con dos cuestiones que han saltado a los titulares de los
principales medios de comunicación. Por una parte su intención de
gratificar con 1.000 euros a todos aquellos jóvenes que, durante la
burbuja inmobiliaria decidieron abandonar los estudios para irse con
la paleta y la carretilla a mezclar cemento, “por un buen chorro de
dinero” y estén dispuestos ahora a finalizarlos en un breve lapso
de tiempo. Por otra su deseo de abonar la paga extra de navidad a los
funcionarios de la Junta Extremadura, aunque sea el próximo Enero y
a base de adelantar las extras posteriores.
El desencadenante de esto último ha
sido la inyección de moral, traducida en 240 millones de euros que
el
Tribunal Constitucional ha resuelto a favor de la Junta de
Extremadura, sobre un recurso que presentó en
su día el gobierno de José Mª. Aznar, contra un impuesto bancario
auspiciado por la administración de Juan C. Rodríguez Ibarra en
2001. Cosas de la vida, todavía deben oírse por los pasillos de la
Asamblea de Extremadura toda la serie de improperios que propició el
PP en contra de la resolución del gobierno socialista extremeño y
ahora es precisamente este el que, de alguna manera puede ayudarle a
capear el temporal a su actual presidente. Otra cosa será la forma
en que se ha hecho el anuncio, la distribución de unos dineros aún
por llegar y si es que, al final, no acaba saliéndose con la suya la
vicepresidenta Soraya, dispuesta
a todo con tal de no servir de molestia al poder financiero.
Lo de los 1.000
euros para los que cambiaron los libros por la paleta esta
despertando una enorme polémica entre buena parte de la sociedad
extremeña. Y es que no es de recibo que por dejar voluntariamente
los estudios para forjarse una nueva vida entorno a un ladrillo
desbocado parezca premiarse ahora con los susodichos 1.000 euros, lo
que, a juicio de muchos, no pasa de ser una nueva argucia con
la intención de maquillar las cifras del paro
y marcarse un tanto en su estrategia política.
No se trata de abandonar a estos
jóvenes a su suerte en tiempos tan difíciles como estos pero, sin
duda, son necesarias otras fórmulas para favorecer su formación,
antes que propiciar un auténtico agravio comparativo con los que
dedicaron su esfuerzo a terminar sus estudios en el momento que así
se les exigió. Y a otros que ahora mismo, en su colegio o instituto,
están padeciendo las políticas de recortes y austeridad que, por
otra parte, el mismo gobierno popular promueve menoscabando tan noble
causa.
Por cierto que ayer mismo, cuando ya
tenía prácticamente cerrado este artículo, coincidía con un amigo
profesor de los innumerables interinos despedidos el último curso y
que, mira por donde, acaban de contratarlo para dar las clases de esa
supuesta segunda oportunidad. Sus primeras impresiones no pueden ser
más nefastas, chicos en su mayor parte con una madurez adelantada
con pocos o nulos conocimientos y con poco o nulo interés más allá
de los consabidos 1000 euros. Por su parte, el pleno convencimiento
que el objetivo real de la operación se queda solo en reducir,
aunque sea momentáneamente, las cifras del desempleo a los efectos
del marketing político, Ironías de la vida, también me comentó
que un sindicalista le exhortó a firmar un manifiesto en contra de
semejante dislate pero él, aún conforme en ello, no pudo hacerlo
porque, sencillamente, necesita de tal prebenda para llegar a fin de
mes.
Para terminar, también ayer nos
enterábamos entre otras mezquindades -por ejemplo, la permanente
pérdida de poder adquisitivo de las pensiones-, que el gobierno de
Mariano Rajoy va a poner en marcha una nueva norma para, desde
primeros de año, impedir
que la Junta de Extremadura pueda seguir recaudando su consabido
tributo a la banca y, de paso persuadir de tal idea a otras
Comunidades Autónomas, de no caer en semejante estropicio.
Estropicio para una banca a la que el Estado es capaz de facilitar
con la mayor ligereza cuantos miles y miles de millones se antoje
mientras es incapaz de realizar solo un pequeño esfuerzo para
hacerle la vida más llevadera a nuestros mayores.
La banca tiene derecho de pernada y nos está dando bien a todos. Resulta incomprensible que una población zarandeada acepte sin miramientos que nuestro gobierno exima de toda responsabilidad al sector financiero y, encima, lo proteja o lo recompense con ventajas fiscales. No cabe en ninguna mente racional que este modelo de sociedad pueda prosperar en el tiempo, a menos que entendamos prosperar como un sinónimo de "ir a la guerra y reiniciar el aparato bélico". La población es pasiva, pero su paciencia no es infinita y sus esperanzas son muy fáciles de inflamar por lenguas hábiles; lo que puede salir de tal panorama es mejor ni pensarlo. Entre tanto, desconfiar de los políticos es lo primero; lo segundo es desear un regreso a la democracia griega, en la antigüedad, pues allí condenaban al exilio a todo político que se propasase en sus funciones.
ResponderEliminarUn saludo.
Me temo Oscar que si se actuara "a la griega", nos quedaríamos sin políticos en un instante. Ójala así fuera, tendrían que "apretarse los machos" entonces y no les quedaría otra que mirar primero por la mayoría, el pueblo, que, al fin y al cabo, eso es la democracia.
ResponderEliminarPor lo demás qué más podemos decir, sino esperar para ver como nos sorprenderemos mañana o pasado con un nuevo disparate. Lo cierto es que cada vez hay más gente en la calle y ante la obviedad del deterioro continuo y sistemático de la situación -no hay un solo indicador objetivo de cierto rango que apueste por lo contrario-, el país será un clamor y entonces...
Veremos.
Un saludo.
Aún dejando a un lado el tema de la crisis, no se puede decir que nuestra, llamada, democracia representativa sea una democracia. A nuestros supuestos representantes no les interesarmos absolutamente nada, solo piensan en sí mismos: la mayoría de ellos no tenían "donde caerse muertos" hasta que, sin demostrar algún tipo de conocimientos, fueron admitidos en un partido político. (Puedo decir nombres y apellidos)
ResponderEliminarY cuando no conocíamos nuestras responsabilidades como miembros de una sociedad democrática, llega la crisis y nos encontramos con un gobierno (no estoy segura que fuera muy distinto con otro gobierno)que se ha dejado secuestrar por "los mercados" y por las instituciones de un sistema económico-social que es incompatible con la democracia.
Como seres humanos tenemos muchos para rebelarnos e intentar cambiar el sistema; si no lo hacemos seremos responsables de lo que suceda.
Un saludo
Como bien planteas Juliana, da la sensación que el grueso de la ciudadanía no es consciente de que una de las cuestiones que ha venido a destapar la crisis, es como puede llegar a ponerse en entredicho la validez de la democracia. No es de recibo que los polìticos, en general, se esten desdiciendo continuamente de lo que dijeran solo unas semanas atrás sin que ello tenga las menores consecuencias.
ResponderEliminarEl caso de Papandreu en Grecia fue flagrante. Cuando por fin este decidió convocar un referendum para poner en manos de la población los nuevos recortes exigidos por la UE, fue obligado a dimitir de su cargo como Primer Ministro desde Bruselas.
Cada vez es mayor el número de personas que se echa a la calle a manifestarse contra las consecuencias de la crisis y las desastrosas medidas que las autoridades están tomando al respecto pero si, además son conscientes de la pérdida de valor que está sufriendo la democracia, el estallido social será inevitable.